Aldeas Infantiles alerta sobre el sharenting y riesgos de depredadores sexuales en redes
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La sobreexposición de menores en internet y redes sociales es una práctica que conlleva riesgos para la intimidad, la salud emocional, la huella digital y la seguridad de los más pequeños, según ha advertido la organización Aldeas Infantiles a través de un informe que ha publicado este martes. Bajo el título Crecer en el escaparate digital. Claves para prevenir el sharenting o sobreexposición de nuestros hijos e hijas en internet, el trabajo analiza una práctica cada vez más normalizada y que realiza casi la mitad de las familias en España. Otros estudios cifran en una de cada cuatro las familias que comparten imágenes de sus hijos varias veces al año, frente a uno de cada cinco de media en el resto de Europa.
Ecografías, vídeos de los primeros pasos, cumpleaños, vacaciones o logros escolares o deportivos compartidos en redes sociales forman parte de una práctica que "se ha normalizado hasta pasar casi desapercibida", advierten desde la asociación. El sharenting —un término que une las palabras inglesas share (que significa compartir) y parenting (crianza)— "plantea importantes retos para la privacidad, la protección de datos y los derechos de la infancia".
Tras analizar estudios y estadísticas previas, consultar a voces expertas en la materia y recoger los testimonios de familias y adolescentes sobre los riesgos y efectos de la exposición online, los autores concluyen que "la sensibilización debe partir de la información y no de la culpabilización", porque "la mayoría de las familias comparte estos contenidos con buena intención y sin conocer plenamente sus posibles consecuencias".
Sin embargo, sí hay consecuencias que pueden ser peligrosas. Según advierten los autores, los niños y adolescentes "tienen derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de sus datos personales. La difusión de momentos íntimos o embarazosos sin su permiso puede generar vergüenza, enfado, pérdida de confianza y conflictos familiares, además de dificultar la construcción de su identidad".
"La familia debería ser un refugio, un espacio de seguridad donde la intimidad de sus miembros está protegida. Cuando priorizamos el hacia fuera (cómo me muestro, cómo me ven), empezamos a descuidar el hacia dentro (quién soy yo)", explica la psicóloga sanitaria Mercedes Bermejo, experta en infancia, adolescencia y familia. La organización advierte de que la sobreexposición puede transmitir a los menores que "su intimidad no tiene valor y dificultar que aprendan a respetar también la de los demás".
Durante la presentación del informe este martes en Madrid, el subinspector del Grupo IV de Protección al Menor de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional, Eduardo Casas, ha sido tajante: "En cualquier lugar online donde haya niños va a haber depredadores sexuales". Con la irrupción de la inteligencia artificial, este riesgo se agrava porque se pueden crear falsos desnudos o escenas sexualizadas a partir de imágenes reales y con ellos chantajear, extorsionar o humillar a los pequeños. Según ha explicado, "los pederastas pueden entrenar estos programas con fotos reales para crear imágenes de explotación sexual infantil". "No suban fotos de sus hijos a internet", ha aconsejado a las familias.
Según un estudio reciente realizado en el Instituto Universitario de Investigación en Criminología y Ciencias Penales de la Universitat de València, el 72% de las imágenes incautadas a agresores sexuales en sus ordenadores eran fotografías de 'nivel 0', es decir, no sexualizadas, normales o cotidianas de menores. En este sentido, el informe reza que "al colgar una foto en redes sociales, no sabemos qué va a pasar con ella, dónde va a acabar. Si se convierte en material de explotación sexual infantil, el niño o la niña cargarán con ese estigma psicológico toda su vida".
Muchos responsables de la huella digital
El informe recuerda que el 48,9% del sharenting de familias españolas se hace a través de WhatsApp, seguido de Facebook (24,5%) e Instagram (22,8%), según una reciente encuesta realizada por Kaspersky a partir de mil encuestas. De acuerdo con la misma, casi la mitad de los padres y abuelos españoles (47%) publican fotos de sus hijos y nietos menores en internet y el 65,3% de la exposición se concentra en la primera infancia. Además, el 55,5% publica fotos en las que se ve la cara del menor y el 89% lo hacen sin pedir consentimiento.
Ya en 2020, otro informe llamado EU Kids Online apuntaba que España es el país europeo donde más sharenting se practica: una de cada cuatro familias españolas lo hace por lo menos varias veces al año —cuando la media europea se sitúa en una de cada cinco—. No obstante, solo en el 4% de los menores la exposición acabó en algún tipo de daño, por debajo de la mayoría de los países europeos. El equipo español de EU Kids Online (liderado por la Universidad del País Vasco UPV/EHU), recogió en un estudio de 2021 que aproximadamente el 12% de los niños pidió a sus padres que borraran información compartida.
El trabajo recuerda que la huella digital de los pequeños comienza a construirse mucho antes de que puedan decidir qué información quieren compartir de sí mismos. Desde Aldeas Infantiles alertan igualmente del 'sharenting institucional' para explicar que la huella digital de los menores no solo la crean sus familias, sino también los centros escolares, empresas que organizan extraescolares, campamentos o clubes deportivos que comparten imágenes de sus clientes en redes sociales previa autorización de los tutores legales.
En este sentido, apuntan que los contenidos de marketing en los que aparecen imágenes de menores tienen mayor impacto. "Las instituciones, administraciones y demás entidades públicas son los primeros agentes que deben garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes. Ninguna publicación de imágenes debería escudarse en una campaña de comunicación o marketing. Nunca se puede pasar por alto la protección de la infancia y el interés superior del menor", afirma Laura Cuesta, profesora de Comunicación Digital en la Universidad Camilo José Cela y otra de las especialistas que han colaborado en el trabajo.
El efecto del sharenting no es igual en todas las etapas del desarrollo. El psiquiatra Diego Figuera explica en el informe que, durante la primera infancia, el riesgo es "principalmente acumulativo: se construye un archivo digital cuando el niño todavía no puede comprenderlo ni decidir sobre él". Según expone, entre los siete y los once años pueden aparecer ya incomodidad o rechazo, aunque la capacidad para oponerse a la decisión adulta sigue siendo limitada. En la adolescencia, esa exposición puede vivirse como una intrusión especialmente intensa, porque coincide con la necesidad de controlar la propia imagen, construir una identidad autónoma y diferenciarse de las figuras parentales. "Es un tema emergente que va en aumento, aunque el motivo de consulta explícito rara vez es el sharenting; suele aparecer de forma indirecta, dentro de cuadros de ansiedad social, conflictos de confianza intrafamiliar en la adolescencia o síntomas de imagen corporal", anota el experto.
"Desde un punto de vista científico, el tema del sharenting es tan reciente que está aún en exploración: no existen estudios sólidos que permitan relacionarlo con la salud mental. Solo podemos hipotetizar y hablar en función de lo que sabemos, que es cómo afecta la sobreexposición a los menores", puntualiza por su parte el psiquiatra infantojuvenil Luis Miguel Rojo. Según este experto que ha colaborado en el informe, "es importante contar con el consentimiento del menor desde que sabe hablar, alrededor de los tres años".
El riesgo de la búsqueda de la foto perfecta
Rojo asevera que "cuando la realidad es muy distinta de la apariencia, cuando mostramos la fachada de una felicidad ficticia, estamos enseñando a nuestros hijos que deben fingir y que los sentimientos negativos no se validan. Se puede generar un mundo virtual paralelo en el que solo vale lo bueno". Asimismo, insta a las familias a tener cuidado con imágenes o informaciones que pueden resultar vergonzosas para los pequeños y pueden convertirse en "objeto de burla o acoso escolar".
¿Qué tendría que pasar para que me pareciera bien que mi madre sacara fotos mías en sus redes sociales? Tendría que enseñarme la foto", dice una adolescente
"¿Qué tendría que pasar para que me pareciera bien que mi madre sacara fotos mías en sus redes sociales? Tendría que enseñarme la foto y preguntarme primero. También tendría que usar una cuenta privada, para que no me vea gente que no conocemos", explica una adolescente que ha participado en el informe.
Desde Aldeas Infantiles señalan además que al subir una foto de un menor se corre el riesgo de transmitirle al pequeño que "necesitan la perfección para gustar a otros" si se repite y no es espontánea o usamos filtros. "Los problemas de autoimagen y autoestima esperan detrás de la puerta", advierten los autores.
Pedir permiso antes de publicar
Tras recomendar que "la opción más segura es no publicar imágenes ni datos" de menores, el informe recoge una serie de recomendaciones antes de hacerlo. En primer lugar, pedir permiso antes de publicar y valorar la finalidad del contenido; limitar la audiencia y revisar la privacidad; respetar la imagen de terceras personas sin etiquetar o manipular y sin publicar sin permiso, no exponer situaciones que ridiculicen o vulneren los derechos de los menores y educar en la privacidad.
Antes de publicar, cabe preguntarse, según los expertos si el contenido a compartir online beneficia realmente al menor, si podría avergonzarle dentro de diez años, si pertenece a su esfera privada, si le gustaría que esa imagen siguiera circulando cuando sea adolescente, y si respeta su dignidad.
Análisis editorial
La sobreexposición de menores en internet es una práctica cada vez más normalizada que realiza casi la mitad de las familias en España, donde una de cada cuatro comparte imágenes de sus hijos varias veces al año, frente a uno de cada cinco de media en el resto de Europa. Aunque la mayoría lo hace con buena intención y sin conocer plenamente sus consecuencias, Aldeas Infantiles advierte que esta práctica plantea importantes retos para la privacidad, la protección de datos y los derechos de la infancia.
El término sharenting une share y parenting, y aunque rara vez es motivo de consulta explícita, suele aparecer indirectamente en cuadros de ansiedad social o conflictos de confianza intrafamiliar. La psicóloga Mercedes Bermejo explica que cuando priorizamos el hacia fuera descuidamos el hacia dentro, y la difusión de momentos íntimos sin permiso puede generar vergüenza, enfado y pérdida de confianza.
Sin embargo, sí hay consecuencias que pueden ser peligrosas. El subinspector Eduardo Casas ha sido tajante: "En cualquier lugar online donde haya niños va a haber depredadores sexuales". Con la irrupción de la inteligencia artificial, este riesgo se agrava porque se pueden crear falsos desnudos o escenas sexualizadas a partir de imágenes reales para chantajear o humillar a los pequeños.
La organización advierte que al colgar una foto no sabemos dónde va a acabar y si se convierte en material de explotación sexual infantil, el niño o la niña cargarán con ese estigma psicológico toda su vida. La sensibilización debe partir de la información y no de la culpabilización, porque la mayoría de las familias comparte estos contenidos sin conocer plenamente sus posibles consecuencias.
Contexto y análisis adicional
Riesgos
Riesgos/alertas
Acciones recomendadas
Señales/evidencias
- No obstante, solo en el 4% de los menores la exposición acabó en algún tipo de daño, por debajo de la mayoría de los países europeos.
- "Las instituciones, administraciones y demás entidades públicas son los primeros agentes que deben garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes.
Conclusión
No se identifican alertas deducibles con suficiente soporte en el texto disponible.
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