China planea transformar 15.000 minas abandonadas en granjas subterráneas antes de 2030
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A 245 metros bajo tierra, en una antigua mina de cobre de la ciudad china de Daye, un grupo de investigadores cultiva ya lechugas bajo luz artificial. Esto no es un experimento aislado, China quiere replicar esta idea a gran escala en las miles de minas que va a cerrar antes de 2030, convirtiendo las cuevas subterráneas provocadas por un siglo de extracción de carbón en huertos a prueba de desastres climáticos y naturales.
A miles de kilómetros de Daye, en North Yorkshire (Reino Unido), otro equipo ha llevado la idea todavía más lejos. Los investigadores han puesto en marcha la granja subterránea más profunda del mundo, a más de 1.000 metros bajo la superficie, dentro de un centro científico ubicado en una mina de polihalita, un mineral usado como fertilizante agrícola. La visión de los investigadores es ambiciosa: transformar la producción de alimentos en el Reino Unido.
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La idea de cultivar bajo tierra en minas lleva años barruntándose. Ya en 2018, Saffa Riffat, presidente de la World Society of Sustainable Energy Technologies, defendía esta práctica como un método rentable para satisfacer la creciente demanda mundial de alimentos. Según informó entonces la BBC, la propuesta contó con el respaldo de algunos propietarios de minas británicas, y el propio gobierno chino mostró interés.
Cómo hacer un huerto subterráneo
Según apunta el diario hongkonés South China Morning Post, un equipo de investigadores del Centro de Ingeniería para el Desarrollo Verde y de Alta Eficiencia de los Recursos de Shanxi, la principal provincia productora de carbón del centro de China, ha propuesto convertir este tipo de experimentos puntuales en un modelo replicable para toda la industria minera del país. El sistema, descrito a finales del mes pasado en la revista científica China Mining Magazine,Los investigadores todavía no han cultivado nada; por ahora se trata de un estudio de viabilidad que analiza si tres factores críticos para cualquier cultivo —luz, temperatura y agua— pueden garantizarse bajo tierra. La respuesta, según los autores, es que sí, aunque con matices. Las minas carecen de luz solar natural, pero su amplio espacio y su robusta infraestructura eléctrica permitirían instalar y calibrar sistemas de iluminación artificial a medida de cada cultivo.
Las granjas verticales de la mina de Boulby se encuentran a más de un kilómetro bajo tierra. (STFC)
La temperatura, en cambio, juega a favor. El subsuelo apenas sufre las fluctuaciones estacionales que sí afectan a los cultivos de superficie, y los investigadores plantean aprovechar la energía geotérmica como fuente de calor sostenible, lo que reduciría de forma notable las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la calefacción convencional.
El sistema, además, contempla usar distintas profundidades de la mina para optimizar las condiciones de cada tipo de planta, de modo que cada nivel del túnel se ajuste a las necesidades específicas de luz, calor y humedad de la especie que se cultive en él.
Uno de los aspectos más singulares de la propuesta es su potencial para usar el agua contaminada que producen las minas. Cuando una explotación cierra, quedan residuos como aceites lubricantes y fluidos hidráulicos que suponen un riesgo de contaminación, capaces de propagarse a través de fallas geológicas, fisuras y perforaciones mal selladas hasta amenazar las aguas superficiales.
Los científicos plantan los alimentos en las huertas verticales. (STFC)
Según los autores, establecer laboratorios agrícolas subterráneos podría "promover indirectamente la investigación, el tratamiento y el aprovechamiento del agua de mina". El agua con altas concentraciones de sulfatos e iones de metales pesados, explican, podría someterse a tratamientos —como la adsorción o la separación por membranas— antes de emplearse para irrigar cultivos tolerantes a la acidez, como la colza o las plantas de té.
Una propuesta para sistematizarlo todo
Lo que diferencia la propuesta de los científicos chinos de otras anteriores es la escala. Según afirman, podría usarse en las cerca de 15.000 minas abandonadas que se cerrarán en China antes de 2030. Entre 2010 y 2019, Pekín ya había clausurado unas 12.000 minas, y a medida que se sumen nuevos cierres, el volumen de espacio subterráneo aprovechable podría alcanzar los 7.200 millones de metros cúbicos hacia 2030.
"Con la intensificación del cambio climático a escala global, la estabilidad y la sostenibilidad de los sistemas agrícolas tradicionales de superficie se enfrentan a desafíos severos", escribieron en el artículo, defendiendo el valor práctico de desarrollar lo que denominan "agricultura de entorno cerrado". La propuesta consiste en reutilizar la infraestructura que ya existe en estas minas —túneles, redes eléctricas, sistemas de ventilación y aguas subterráneas— en lugar de construir instalaciones nuevas desde cero.
Pese al alcance de la propuesta, los investigadores insisten en que su objetivo inmediato no es la producción agrícola masiva, sino la creación de una "plataforma experimental de ingeniería agrícola". La idea es que estos espacios sirvan a los científicos para estudiar cómo se comportan factores ambientales clave —luz, calor, agua, aire y carbono— en un entorno cerrado y controlado, y así resolver los retos de cultivo antes de plantearse una expansión comercial.
Los autores apuntan a que esta investigación podría, eventualmente, respaldar la exploración del espacio profundo, sentando las bases para una producción estable de alimentos y el mantenimiento de ecosistemas en entornos extraterrestres. Los huertos subterráneos de Shanxi, en ese sentido, funcionarían como un laboratorio experimental para problemas que algún día también se plantearán en la Luna o en Marte.
Análisis editorial
A 245 metros bajo tierra en la antigua mina de cobre de Daye, China, los investigadores ya cultivan lechugas con luz artificial, pero este experimento es solo el prototipo de una estrategia nacional mucho más ambiciosa. La tesis central es que el gobierno chino busca transformar las miles de minas programadas para cierre antes de 2030 en huertos subterráneos a prueba de desastres climáticos, aprovechando infraestructuras existentes para crear sistemas alimentarios resilientes. Esta iniciativa no se limita al país asiático; en North Yorkshire, Reino Unido, científicos han llevado la idea aún más lejos operando la granja subterránea más profunda del mundo, superando los 1.000 metros de profundidad dentro de una mina de polihalita.
El desarrollo de este modelo se sustenta en la viabilidad técnica de garantizar luz, temperatura y agua mediante infraestructura eléctrica robusta y gestión térmica natural. Aunque las minas carecen de luz solar, su espacio amplio permite instalar sistemas de iluminación calibrables para cada cultivo, mientras que el subsuelo ofrece estabilidad térmica frente a fluctuaciones estacionales, permitiendo incluso usar energía geotérmica. Además, la propuesta innovadora contempla tratar aguas contaminadas por residuos mineros —como aceites y fluidos hidráulicos— mediante procesos de adsorción o separación por membranas para irrigar plantas tolerantes a la acidez, convirtiendo un riesgo ambiental en un recurso productivo.
Sin embargo, la implementación a gran escala enfrenta desafíos logísticos y económicos que requieren cautela antes de replicarse masivamente. La propuesta china se enfoca en reutilizar las cerca de 15.000 minas abandonadas que cerrarán antes de 2030, un volumen de espacio que podría alcanzar los 7.200 millones de metros cúbicos hacia esa fecha tras los cierres previos entre 2010 y 2019. Para que el modelo sea viable, es imperativo establecer alianzas sólidas entre propietarios de minas y entidades agrícolas para validar la rentabilidad, así como invertir en sistemas de iluminación artificial y gestión térmica que repliquen con éxito los experimentos actuales sin depender de condiciones geológicas específicas.
En última instancia, la conversión de infraestructuras mineras abandonadas en granjas subterráneas representa una solución pragmática para asegurar la producción de alimentos frente a la intensificación del cambio climático global. Al reutilizar túneles, redes eléctricas y sistemas de ventilación existentes, esta "agricultura de entorno cerrado" reduce drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la calefacción convencional y mitiga los riesgos de desastres naturales que afectan a los cultivos de superficie. El éxito de este enfoque dependerá de la capacidad para sistematizar el tratamiento del agua subterránea y escalar la tecnología en un plazo razonable, convirtiendo así un legado industrial obsoleto en una defensa estratégica contra la inseguridad alimentaria futura.
Contexto y análisis adicional
Digest
Resumen ejecutivo
- China planea transformar miles de minas en cierre antes de 2030 en huertos subterráneos para crear sistemas alimentarios resistentes al clima.
- Investigadores en el Reino Unido ya han establecido la granja subterránea más profunda del mundo, superando los 1.000 metros de profundidad.
Evidencias
- En Daye (China), un equipo cultiva lechugas a 245 metros bajo tierra utilizando iluminación artificial en una antigua mina de cobre.
- El gobierno chino tiene la intención de escalar este modelo a gran escala aprovechando las infraestructuras existentes de minas de carbón.
- En North Yorkshire (Reino Unido), científicos operan una instalación dentro de una mina de polihalita a más de 1.000 metros de profundidad.
- Un estudio de viabilidad reciente confirma que es posible garantizar luz, temperatura y agua bajo tierra mediante infraestructura eléctrica robusta.
Acciones
- Evaluar el potencial de reutilización de las miles de minas programadas para cierre en China antes de 2030 como sitios para agricultura controlada.
- Invertir en sistemas de iluminación artificial calibrables y gestión térmica para replicar los experimentos actuales en nuevas ubicaciones.
- Establecer alianzas entre propietarios de minas y entidades agrícolas para validar la rentabilidad del modelo propuesto por el gobierno chino.
Conclusión final
La conversión de infraestructuras mineras abandonadas en granjas subterráneas representa una estrategia viable para asegurar la producción de alimentos frente a desastres climáticos.
Riesgos
Riesgos/alertas
Acciones recomendadas
Señales/evidencias
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