Cinco mil personas protestan en Ibiza contra la duplicación de puertas del aeropuerto
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La isla no vivía una manifestación de estas proporciones desde que el PP de Jaume Matas construyó hace veinte años unas autovías también asociadas a la masificación turística que podría recrudecerse con una reforma que doblará el número de puertas de embarque de la terminal de es Codolar
Por qué Ibiza se moviliza contra la macroampliación del aeropuerto
Hay movimientos en apariencia imperceptibles que ponen en marcha un mecanismo mucho más grande. La tarde del domingo 20 de septiembre miles de personas -unas 5.000, según las cifras facilitadas por Delegación del Gobierno- han salido a la calle en Eivissa para protestar contra los planes del Gobierno de España y AENA para ampliar el aeropuerto. En el momento de escribir estas líneas, la Delegación del Gobierno no había concretado la cifra de asistentes. La isla llevaba veinte años sin manifestaciones masivas, con una excepción que habría que coger con pinzas: la campaña para evitar las prospecciones petrolíferas en el Mediterráneo a la que incluso se sumaron el PP y la patronal hotelera.
Entonces, 2014, el Ejecutivo de Mariano Rajoy convertía la gestión de los aeropuertos españoles en una empresa semipública, vendiendo la mitad de su capital a grupos de inversión. Por la terminal de es Codolar pasaban en aquel momento 5,7 millones de pasajeros al año. Una cifra al alza. En 2008, cuando comenzó la penúltima reforma del aeropuerto ibicenco, eran 4,6 millones. En 2025, fueron casi el doble, más de 9 millones. Enaire, la sociedad estatal que posee el 51% de las acciones de AENA y que preside Maurici Lucena i Betriu –economista y ex diputado del PSC en el Parlament de Catalunya– planea invertir 230 millones de euros entre 2027 y 2032 para duplicar el número de puertas de embarque. De las 17 actuales a 32.
“AENA, escolta, no volem més portes!” -“AENA, escucha, no queremos más puertas”- ha sido una de las consignas más coreadas en una manifestación convocada por la Associació de Joves d’Eivissa y secundada por decenas de entidades tan dispares como el Col·legi d’Arquitectes de les Illes Balears, la Aliança per l’Aigua, el Institut d’Estudis Eivissenc o colectivos ecologistas como el Grup d’Estudis de la Natura-GOB o Amics de la Terra.
“Que Eivissa no se acabe de prostituir”, contesta Marc Roig Pereira –generación Z y una senyera a la que leha añadido una gran estrella celeste entre los cuatro castillos que decoran los extremos de la bandera insular– cuando se le pregunta qué le ha movido a sumarse a la protesta. Este gironí pasa los veranos en la isla desde que tiene uso de razón. “Hola, iaia”, saluda a la mujer que creó su vínculo con Eivissa.
La marcha contra la ampliación del aeropuerto de Eivissa, a su paso por Vara de Rey
Emma Roig, su abuela, visitó “este paraíso” por primera vez cuando tenía diecisiete años, en el 66. “Y ya no tiene nada que ver con lo que fue. Por eso es una vergüenza que no nos demos cuenta de que se está muriendo. Yo no nací aquí, pero también me considero ibicenca”. Su nieto añade: “Si ampliamos el aeropuerto, abrimos la puerta a la destrucción total. Ojalá la manifestación de hoy sirva para que la gente tome conciencia de lo que pasa. Pero es verdad que la isla es muy especial en ese sentido. Cuesta…”.
Esa es la sensación que se respira a las cinco y pico en Vara de Rey, el paseo que se trazó junto a los accesos de la ciudad antigua para que los burgueses se pasearan a principios de siglo bajo los álamos; el epicentro de la vida social en la capital de la isla. Queda apenas un cuarto de hora para que arranque la marcha y hay cuatro gatos. Cincuenta, sesenta personas contadas. Entre ellas, muchas caras conocidas del activismo medioambiental, lingüístico, cultural, algún político –en activo o en la reserva– de coaliciones de izquierdas o catalanistas. De fondo, se escuchan los rasguidos de la cinta americana.
Un grupo de chicos y chicas –de la edad de Marc– terminan de ensamblar cartones y palos. Pancartas donde se leen lemas tan explícitos como “AENA a la trena”, “Turismo masivo, ¿y yo dónde vivo?” o “Massificació i turisme, o menjar?” Otros, son más sutiles pero no menos ácidos: tres flamencos y dos palabras que juegan con el nombre de una de las aerolíneas británicas que hacen su agosto gracias a las múltiples conexiones que de mayo a octubre tiene el aeropuerto de Eivissa con el Reino Unido: “Easy Death”.
"Ja no hi cabem": los manifestantes denuncian la masificación turística durante la marcha
Cuando los cientos, quizás ya más de mil personas, que se han reunido en el paseo comienzan a caminar, el reloj marca un retraso de veinte minutos sobre el horario previsto –la calma insular siempre manda–, pero no deja de llegar gente y gente. Esa será la tónica mientras se avance por el Carrer Aragó, estrecho y sombreado. La concentración se estira como una llonganissa, la sobrasada más fresca y untuosa que sale de la matanza. Un vecino, con una niña en brazos, se queda bloqueado por los manifestantes. Tendrá que esperar a que circule la ristra para sacar su coche. Desesperado, grita: “¡Iros al aeropuerto que yo tengo que ir a trabajar! ¡Seguro que el jefe de AENA está en su casa descansando!”.
La cabecera ignora la queja y sigue versionando el estribillo de Flors de baladre, un tema de Uc!, el grupo que revivió el cancionero popular ibicenco a ritmo de folk entre los estertores del franquismo y la Transición: “Eivissa no se ven ni per deu ni per cent!” Es quizás la proclama que resume todos los motivos que empujan a los ciudadanos que se quejan de los efectos de la masificación turística. Una hidra de múltiples tentáculos que, según estudios socioeconómicos como el Informe Fènix (presentado esta semana en Eivissa) golpea en forma de especulación inmobiliaria, consumo desmesurado de agua o colapso en las carreteras, empobreciendo a la mayoría de la población a través del descenso del PIB per cápita.
“Quieren convertir el aeropuerto en una caja registradora de la que sólo se lucrarán unos pocos. Eivissa no puede crecer indefinidamente. La insularidad nos condiciona. Los recursos son finitos y se acaban. No cuestionamos el turismo sino un sistema basado en la extracción. El beneficio turístico ya no se refleja en un bienestar claro para la población residente y trabajadora”, clamó un portavoz de la Associació de Joves d’Eivissa al final de la marcha.
El manifiesto se leyó en es Portal Nou, a los pies de las murallas renacentistas de Dalt Vila. Lo remató Marga Torres, presidenta de la Associació de Joves d’Eivissa con un tono donde se mezclaban vehemencia y emoción optimista: “AENA, administraciones, os preguntamos… ¿Por qué aumentar el número de puertas y mostradores de facturación si no se quiere aumentar el número de turistas? ¿Por qué aumentar la zona para atender a los vuelos que vienen desde fuera del espacio Schengen si se apuesta por la contención? Y, más importante, ¿por qué cony tocáis ses Salines?”. Tras un aplauso cerrado, los ibicencos que salieron de casa para protestar se fueron dispersando.
Análisis editorial
La isla de Ibiza no vivía una manifestación de estas proporciones desde hace veinte años, cuando el PP de Jaume Matas construyó autovías asociadas a la masificación turística; ahora, miles de residentes claman contra un proyecto que duplicará la capacidad operativa del aeropuerto. La tesis central es que la saturación proyectada ha transformado una disputa técnica en un rechazo social profundo al modelo turístico, priorizando la calidad de vida local sobre la expansión económica.
Unas 5.000 personas manifestaron su rechazo el domingo 20 de septiembre ante planes que elevan el tráfico aéreo a casi 9 millones de pasajeros para 2025, duplicando así los 4,6 millones registrados en 2008 y superando los 5,7 millones de 2014. La inversión planeada entre 2027 y 2032 asciende a 230 millones de euros para pasar de las 17 puertas actuales a 32, una reforma impulsada por Enaire, sociedad estatal que posee el 51% de las acciones de AENA. Este movimiento une a arquitectos, ecologistas y jóvenes locales que ven en la ampliación no solo un problema logístico, sino la destrucción ambiental y la pérdida definitiva del carácter único de la isla.
Las implicaciones de esta movilización revelan una tensión insostenible entre el crecimiento económico y la habitabilidad real del territorio. Los manifestantes advierten que ampliar las puertas abre la puerta a la destrucción total, cuestionando si es posible seguir operando en un espacio donde "ya no cabemos". La desconfianza histórica hacia los gestores públicos se ha agudizado al percibir que las decisiones de inversión ignoran el impacto habitacional y ambiental, convirtiendo a la isla en un epicentro de conflicto contra la macroampliación turística.
El cierre de esta disputa marca un punto de inflexión donde la sociedad local decide poner límites al modelo de masificación que ha definido su economía durante décadas. La respuesta ciudadana sugiere que cualquier reforma futura debe incorporar a actores locales y técnicos independientes para mitigar la desconfianza, evaluando rigurosamente si la demanda sostenible justifica una inversión que podría condenar a la isla a un colapso social y ambiental irreversible.
Contexto y análisis adicional
Digest
Resumen ejecutivo
- Miles de residentes en Ibiza se movilizaron históricamente para protestar contra la ampliación del aeropuerto, marcando el primer conflicto masivo contra infraestructura turística en dos décadas.
- La oposición surge ante un crecimiento proyectado que duplicará el tráfico aéreo a 9 millones de pasajeros para 2025 y aumentará las puertas de embarque de 17 a 32.
Evidencias
- Unas 5.000 personas manifestaron su rechazo en la tarde del domingo 20 de septiembre, según cifras oficiales.
- El tráfico de pasajeros creció de 4, 6 millones en 2008 a casi 9 millones proyectados para 2025.
- La inversión planeada entre 2027 y 2032 asciende a 230 millones de euros para duplicar la capacidad terminal.
- El movimiento incluye a entidades diversas como arquitectos, ecologistas y jóvenes locales que vinculan el proyecto con la destrucción ambiental.
Acciones
- Evaluar el impacto habitacional y ambiental real antes de aprobar reformas que duplicuen la capacidad operativa.
- Incorporar a actores locales y técnicos independientes en las fases tempranas del diseño para mitigar la desconfianza histórica.
- Revisar los planes de inversión estatal para asegurar que no excedan la demanda sostenible de la isla.
Conclusión final
La saturación proyectada del aeropuerto ha transformado una disputa técnica en un rechazo social profundo al modelo de masificación turística, priorizando la calidad de vida local sobre la expansión económica.
Riesgos
Riesgos/alertas
Acciones recomendadas
Señales/evidencias
- Enaire, la sociedad estatal que posee el 51% de las acciones de AENA y que preside Maurici Lucena i Betriu –economista y ex diputado del PSC en el Parlament de Catalunya– planea invertir 230 millones de euros entre 2027 y 2032 para duplicar el número de puertas de embarque.
Conclusión
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