CNSE exige que la lengua de signos sea ordinaria en servicios públicos para garantizar derechos
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La Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) denuncia que las personas sordas aún deben pedir, insistir o esperar para poder comunicarse en servicios públicos. El presidente de la entidad, Roberto Suárez, señaló que el reconocimiento jurídico de la lengua de signos es insuficiente si no se utiliza con normalidad en la práctica diaria.
La CNSE reclamó que la lengua de signos y otros apoyos comunicativos estén incorporados de forma ordinaria en los servicios públicos. Suárez advirtió que, aunque la lengua de signos española y catalana han ganado reconocimiento social y jurídico en las últimas décadas, su presencia sigue siendo desigual y persiste una brecha entre los derechos reconocidos y su ejercicio efectivo.
Las barreras se manifiestan en ámbitos esenciales como educación, sanidad, justicia, empleo y cultura. En estos sectores, la falta de intérpretes, subtitulado de calidad o personal formado obliga a las personas sordas a buscar soluciones alternativas para garantizar una comunicación accesible e igualitaria.
Para que los derechos reconocidos puedan ejercerse efectivamente, la CNSE considera prioritario que las administraciones establezcan una planificación pública y dejen de depender de proyectos aislados. La accesibilidad no puede depender de la improvisación, sino que debe estar prevista desde el principio para garantizar condiciones de igualdad.
Análisis editorial
La Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) denuncia que las personas sordas aún deben pedir, insistir o esperar para poder comunicarse en servicios públicos. El presidente Roberto Suárez advierte que el reconocimiento jurídico de la lengua de signos no basta si después no puede utilizarse con normalidad, señalando una brecha sistémica entre los derechos reconocidos y su ejercicio efectivo.
La CNSE reclama que la accesibilidad comunicativa esté prevista desde el principio y no dependa de la improvisación. Suárez destaca hitos como la Ley 27/2007 y su desarrollo reglamentario aprobado en 2023, pero subraya que persisten barreras en urgencias, clases, trámites administrativos o procedimientos judiciales donde las personas sordas deben buscar soluciones alternativas.
Las barreras afectan directamente a la seguridad del paciente, la intimidad y la capacidad de tomar decisiones informadas en el sector salud. En justicia, la falta de intérpretes genera indefensión jurídica, mientras que en educación se requiere un modelo inclusivo con referentes adultos sordos y materiales accesibles. La accesibilidad no puede depender de proyectos aislados o presupuestos puntuales.
Para garantizar derechos lingüísticos plenos, es necesario dotar al Reglamento de la Ley 27/2007 del presupuesto necesario para garantizar intérpretes y videointérpretes sin necesidad de solicitud previa por parte del usuario. La CNSE exige coordinar a las administraciones públicas para integrar la accesibilidad comunicativa como un componente estructural en educación, sanidad y justicia.
Contexto y análisis adicional
Digest
Resumen ejecutivo
- La CNSE denuncia que el reconocimiento legal de la lengua de signos no garantiza su uso ordinario en servicios públicos, obligando a las personas sordas a solicitar activamente apoyos.
- El presidente Roberto Suárez advierte que persiste una brecha sistémica entre los derechos reconocidos y su ejercicio efectivo debido a la falta de integración operativa.
Evidencias
- Las personas sordas deben "pedir, insistir o esperar" para acceder a la comunicación en entornos como urgencias, trámites administrativos o procedimientos judiciales.
- La accesibilidad no puede depender de la improvisación; requiere estar prevista desde el principio con intérpretes y materiales de calidad.
- En ámbitos críticos como la sanidad, la falta de apoyos adecuados afecta directamente a la seguridad, la intimidad y la capacidad de tomar decisiones informadas.
Acciones
- Dotar al Reglamento de la Ley 27/2007 del presupuesto necesario para garantizar intérpretes y videointérpretes sin necesidad de solicitud previa por parte del usuario.
- Coordinar a las administraciones públicas para integrar la accesibilidad comunicativa como un componente estructural en educación, sanidad y justicia.
- Establecer protocolos que impidan que el acceso a servicios esenciales dependa de la capacidad de insistencia o búsqueda de soluciones alternativas por parte de las personas sordas.
Conclusión final
La normativa existente carece de recursos económicos y coordinación administrativa suficientes para ser aplicada con eficacia, lo que convierte el acceso a servicios públicos en una lucha individual en lugar de un derecho estándar.
Riesgos
Riesgos/alertas
- Riesgo de exclusión sistémica administrativa donde las personas sordas deben asumir una carga desproporcionada de gestión (pedir, insistir, esperar) para acceder a servicios básicos.
- Riesgo de nulidad jurídica e indefensión en procedimientos legales y administrativos debido a la falta de intérpretes o subtitulado adecuado.
- Riesgo crítico para la seguridad del paciente y validez clínica en el sector salud por la imposibilidad de tomar decisiones informadas.
Acciones recomendadas
- Incorporar la lengua de signos y otros apoyos comunicativos como protocolos operativos diarios obligatorios, no como improvisaciones.
- Garantizar la disponibilidad ordinaria de intérpretes y videointérpretes en servicios públicos esenciales (sanidad, justicia, educación).
- Implementar formación obligatoria para el personal público en lengua de signos y accesibilidad visual.
Señales/evidencias
- Las personas sordas deben "pedir, insistir o esperar" para poder comunicarse en servicios públicos.
- El reconocimiento jurídico actual es insuficiente si no garantiza un uso ordinario sin barreras.
- Persiste una brecha entre los derechos reconocidos y su ejercicio efectivo en urgencias, clases y trámites administrativos.
- La accesibilidad depende actualmente de la improvisación en lugar de estar prevista desde el principio.
Conclusión
Existe un riesgo de exclusión sistémica donde el marco legal existente no se traduce en servicios públicos inclusivos, obligando a las personas sordas a asumir una carga adicional de gestión para acceder a derechos básicos y poniendo en peligro su seguridad y autonomía.
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