El rascacielos Intempo de Benidorm superó la burbuja

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El rascacielos Intempo de Benidorm superó la burbuja El horizonte del Mediterráneo fue durante muchos años el lienzo donde España proyectó sus ambiciones más audaces, entre ellas algunas extremadamente difíciles de catalogar. En tiempos de prosperidad, el cielo parecía no tener límite. Después, cada silueta en altura empezó a contar una historia distinta sobre riesgo, orgullo y memoria colectiva.
El sueño vertical nacido de la euforia. El edificio Intempo empezó a levantarse en el año 2006, en el momento exacto en que el crédito fluía sin freno y Benidorm seguía alimentando su obsesión por crecer hacia el cielo como si no hubiera un mañana. 
Hablamos de dos monstruos en forma de torre de casi 200 metros unidas por un diamante dorado, una arquitectura hiperbólica que prometía marcar una época y convertirse en el nuevo icono de la “Beniyork” mediterránea. El proyecto nació con financiación generosa de una caja gallega y con un capital social irrisorio frente a la magnitud de la obra, una desproporción (y un despropósito) que hoy resume mejor que nada el clima de aquella España que creía que las grúas nunca dejarían de girar.
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Del símbolo del futuro al monumento a la burbuja. Pero la crisis de 2008 cambió el guion de golpe. El préstamo se disparó por encima de los 100 millones, la entidad financiera quebró y la deuda acabó en manos de la Sareb, el banco malo. 
Las obras se paralizaron, la promotora entró en conflicto interno y el edificio quedó con su estructura prácticamente terminada pero atrapado en un limbo jurídico y financiero. Durante años, su sombra amenazaba en engorsar esa larga lista de monstruos fantasma, de hecho, fue el esqueleto dorado que dominaba la playa de Poniente, una mole visible desde kilómetros que resumía el colapso de un modelo económico basado en el ladrillo y la financiación fácil.
La realidad fue peor que el mito. Luego llegaron las historias y leyendas, una convertida en meme y cien veces repetida incluso en medios de referencia. Ocurre que, no es que en el rascacielos residencial más alto de España se olvidaran del hueco del ascensor, es que la realidad fue mucho peor. La obra acumuló decisiones erráticas, cambios de constructor, retrasos salariales, accidentes graves y una gestión caótica en la que se hormigonaban plantas sin tener planos definitivos de las superiores. 
El proyecto estuvo al 93% con el 100% del préstamo consumido, hubo riesgo físico por el deterioro de la estructura y un concurso de acreedores que dejó el destino del gigante en manos de administradores judiciales y fondos de inversión. El problema no fue un detalle técnico caricaturesco, sino más bien una cadena de incompetencias, tensiones financieras y mala planificación que pusieron en peligro la viabilidad completa del edificio.
El bulo del ascensor que dio la vuelta al mundo. Imposible obviarlo. La historia de que los arquitectos “se olvidaron del hueco del ascensor” nació de una frase ambigua y se convirtió en el titular perfecto del verano de 2013. La imagen era irresistible: un rascacielos de casi 200 metros incapaz de subir a sus propios vecinos. 
Sin embargo, los ascensores existían, por supuesto, y funcionaban y estaban previstos en los planos. Las fotografías y las visitas posteriores de medios lo demostraron con claridad. Dio igual, el bulo se amplificó en medios internacionales que añadieron capas de ficción, desde cables que no cabían hasta rediseños imposibles. Aquella anécdota eclipsó lo verdaderamente relevante: el problema nunca fue técnico, era estructural en términos empresariales y financieros.
Rescate, rediseño y cambio de propietarios. Pasaron los años, y el banco malo impulsó el concurso necesario para evitar que la torre se degradara y facilitó liquidez para completar la obra. Más tarde, un fondo de inversión adquirió el activo, remodeló interiores que habían quedado obsoletos y corrigió decisiones discutibles, como acabados espantosos que oscurecían las viviendas o distribuciones que no aprovechaban las vistas al mar. 
Finalmente, el diamante superior se reconfiguró para ofrecer apartamentos más atractivos y el conjunto se relanzó, ahora como un residencial de lujo con miles de metros cuadrados de zonas comunes, servicios de hotel y una comercialización internacional.
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De fantasma a icono. Así, y tras más de una década de retrasos, el rascacielos residencial Intempo abrió finalmente sus puertas y empezó a entregar las llaves a sus primeros clientes. En total, 256 viviendas, 11 ascensores, plantas técnicas completas y una estructura que descansaba sobre pilotes diseñados para soportar ambas torres.
Desde ese momento, el coloso dejó de ser un simple esqueleto mediático para convertirse en un edificio con vecinos y actividad real. Su silueta dorada dejó atrás las historias para no dormir, ya no representaba solo la burbuja y el fracaso, sino también la resiliencia de una ciudad que había hecho de la verticalidad su seña de identidad. 
Por eso conviene decirlo una vez más: Intempo no fue el rascacielos que olvidó el ascensor, fue el rascacielos que sobrevivió a su propia época.
Imagen | Enrique Domingo, Diego Delso, Tim Rawle
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La noticia
Si la pregunta es si en el rascacielos residencial más alto de España se olvidaron del hueco del ascensor, la respuesta es simple: fue mucho peor
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por
Miguel Jorge
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Imagen 1 de El rascacielos Intempo de Benidorm superó la burbuja
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Análisis editorial

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Contexto y análisis adicional

Digest

Resumen ejecutivo
  • El artículo reporta que el edificio Intempo en Benidorm, España, se construyó a partir de 2006 durante un periodo de euforia crediticia y especulación inmobiliaria.
  • Se describe al proyecto como una torre de casi 200 metros financiada por una caja gallega con un capital social considerado irrisorio frente a la magnitud de la obra.
  • El edificio Intempo es caracterizado en el texto como un símbolo del riesgo y la burbuja inmobiliaria que afectó a España, superando las expectativas iniciales.
Evidencias
  • El edificio Intempo de Benidorm comenzó a construirse en 2006, justo cuando el crédito fluía sin freno y la ciudad alimentaba su obsesión por crecer hacia el cielo.
  • El proyecto se financió generosamente por una caja gallega pero contó con un capital social irrisorio frente a la magnitud de la obra.
  • El rascacielos Intempo superó la burbuja inmobiliaria, dejando como legado historias sobre riesgo, orgullo y memoria colectiva.
Acciones
Conclusión final

La construcción del rascacielos Intempo se presenta como un ejemplo emblemático de la burbuja inmobiliaria española, marcada por una financiación desproporcionada y un exceso de confianza en el mercado.

Riesgos

Riesgos/alertas
  • Financiación desequilibrada con capital social irrisorio frente a la magnitud del proyecto.
  • Exposición al exceso especulativo y euforia crediticia sin frenos.
  • Estructura financiera insostenible por desconexión entre recursos propios y coste total.
Acciones recomendadas
  • Auditar la relación entre capital aportado y magnitud de inversión en proyectos inmobiliarios similares.
  • Evaluar la solidez financiera antes de aprobar obras durante periodos de alta especulación.
  • Revisar los mecanismos de control para evitar desproporciones entre financiación externa y capital social.
Señales/evidencias
  • Inicio de construcción en momentos de flujo crediticio sin restricciones.
  • Completado del proyecto tras el estallido del mercado inmobiliario como símbolo de excesos previos.
  • Descripción del proyecto como 'despropósito' debido a la falta de solidez financiera.
Conclusión

La construcción del rascacielos Intempo en Benidorm ejemplifica el exceso especulativo y la falta de solidez financiera que caracterizaron la burbuja inmobiliaria española pre-crisis, evidenciando una financiación desequilibrada y un inicio durante un periodo de euforia crediticia.

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