EMA aprueba fármacos para alzhéimer que no financian sistemas públicos
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Desde hacía 30 años no se había producido ningún avance en los tratamientos para combatir el alzhéimer, una patología devastadora que es, además, la enfermedad neurodegenerativa más frecuente. Hasta ahora, solo se disponían de tratamientos para paliar algunos de los síntomas y de cuidados paliativos para mejorar la vida de los pacientes, pero nada que atacara realmente la enfermedad.
Por suerte, esto acaba de cambiar, y tras décadas de investigación por fin han surgido dos nuevos fármacos: Donanemab y Lecanemab, aprobados por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) en 2025 y en 2026.
Son tratamientos que, por primera vez, ‘atacan’ directamente la enfermedad y, si bien es cierto que la ralentizan, no la frenan ni la curan, suponen un punto de inflexión en el abordaje de esta enfermedad, que afecta a casi 35 millones de personas en el mundo, 800.000 en España.
Sin embargo, a pesar de haber dado el visto bueno desde la EMA, los sistemas sanitarios públicos, incluido el español, han decidido no financiar estos tratamientos, lo que los hace inaccesibles para la inmensa mayoría de la población, pues se trata de medicamentos caros, que cuestan unos 30.000 euros al año por paciente si se adquiere de manera privada.
Tanto pacientes como profesionales discrepan de esta decisión y exigen que estos medicamentos, que son la única esperanza para muchos pacientes, lleguen cuanto antes a quienes está indicado: pacientes en fases iniciales y con una buena salud cardiovascular. Como insisten desde Ceafa -Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias-, "cada día de espera supone más pérdida de autonomía, más deterioro y menos oportunidades para las personas afectadas. El alzhéimer no espera".
Qué hacen y qué no estos nuevos fármacos
Donanemab y Lecanemab son dos tratamientos modificadores de la enfermedad de alzhéimer, dos anticuerpos monoclonales que atacan las placas de proteína amiloide en el cerebro. "Estos fármacos lo que hacen es ‘limpiar’, disminuir esta proteína en el cerebro y, como consecuencia, ralentizar la progresión de la enfermedad", explica el Dr. Guillermo García-Ribas, neurólogo del hospital Ramón y Cajal.
Se calcula que, aplicado en fases iniciales, puede retrasar la progresión de la enfermedad alrededor de un 30%, es decir, que en tres años la enfermedad progresaría lo que sin fármacos progresaría en dos. "Yo puedo considerar que eso es un gran adelanto, porque es el primer fármaco que lo consigue en 30 años, pero desde la administración pueden pensar que ese ralentización es demasiado pequeña como para que merezca la pena financiarlo", asegura el doctor.
Debido a esta supuesta baja eficacia, al precio y a que puede tener graves efectos secundarios, se ha decidido no financiar, a pesar de que la EMA sí ha aprobado su uso. Él como neurólogo, puede entender las dudas alrededor de la eficacia de este tratamiento, pero no que no se financie, al menos para las personas para las que está indicada. De hecho, si solo se administra a pacientes con deterioro cognitivo leve y con bajo riesgo cardiovascular, que es para los que está recomendado, no llegaría a más del 10% de los pacientes, probablemente menos. "Yo calculo que al 95% de mis pacientes no les va a ser útil, pero sí deberíamos poder financiarlo para las que sí, porque podemos hacer que la enfermedad vaya más lenta".
Nos dicen que no son suficiente seguros, pero si lo han aprobado es porque consideran que, en las condiciones que se recomienda, sí lo es
Como insiste García-Ribas, no se alarga el proceso por alargarlo, sino que se alargan las fases de la enfermedad en las que los pacientes aún tienen bien preservadas sus capacidades y su autonomía. "Mi opinión es que sí debería proporcionarlo y dar un ejemplo, porque ahora mismo en países con sistemas como el nuestro no se financia en ninguno", explica. Además, tanto médicos como pacientes lo consideran una discriminación y contradicción, pues si lo pagas de manera privada, sí tienes acceso a él.
"Nos dicen que no son suficientemente seguros, pero si lo han aprobado es porque consideran que, en las condiciones que se recomienda, sí lo son", asegura Soledad García, diagnosticada hace dos años y medio y miembro del Panel de Expertos de Personas con Alzheimer de Ceafa. "Dicen que tienen riesgo de hemorragias cerebrales, pero por eso precisamente solo están indicados para pacientes con una buena salud cardiovascular. Además, yo debería poder elegir si quiero asumir esos riesgos, ¿no? Es muy discriminatorio, porque a nivel privado te lo pueden administrar, y eso vulneran los principios de igualdad", asegura indignada.
Un hito infravalorado
Profesionales y pacientes también coinciden en que, aunque no sean la panacea, estos medicamentos marcan un punto de inflexión en el tratamiento de esta enfermedad, un hito que no se está valorando lo suficiente. "Abren una vía que hasta ahora no se había podido abrir, y es un gran hito, porque el siguiente paso es, como ya se está haciendo, investigar más esta vía para crear fármacos más eficaces a la hora de retirar esta proteína y con menos efectos secundarios. Se ha dado en la diana, ahora toca, afinar la puntería".
Pero para ello aún quedan años, y estos fármacos, como insisten, están disponibles ya, y como recomienda el doctor podrían servir de ‘terapia puente’ mientras llegan tratamientos más eficaces. "Antes de cinco años, es raro que aparezca otro fármaco, pero estos pacientes no pueden esperar tanto porque ya no serían candidatos a recibirlos entonces, pero ahora sí. Si les administramos ahora lo que tenemos, tal vez sí lo sean para los tratamientos que vendrán después y serán más eficaces y seguros", insiste.
Sin ser la panacea, porque no la cura ni la frena, y es mucho mejor que lo que tenemos ahora, que es nada
Para los pacientes es, además, la única esperanza. "Ha sido una bomba de optimismo porque es el primer fármaco en la historia que cambia el curso de la enfermedad, aunque sea solo un 30%, y estábamos convencidos de que sí se iba a financiar, pero no ha sido así", lamenta.
Como reza el lema de este año de Ceafa, Soledad asegura que ‘No podemos esperar más’ y piensa que no está justificado que no lo financien. "Por un lado, porque no aprueban medicamentos que están en discusión por su eficacia o su seguridad, y segundo porque, sin ser la panacea, porque no la cura ni la frena, y es mucho mejor que lo que tenemos ahora, que es nada", insiste.
Soledad, por ejemplo, sería una candidata ideal. La diagnosticaron hace dos años y medio de manera precoz y todavía tiene un deterioro cognitivo muy leve, es perfectamente autónoma, y con este medicamento podría permanecer así más tiempo, pero, para recibir el tratamiento tendría que desembolsar miles de euros al año, algo que considera "discriminatorio e injusto".
Mucho por reivindicar
La financiación de estos nuevos fármacos es la principal reivindicación que este año tienen desde Ceafa por el día mundial, pero Soledad recuerda que todo lo demás sigue estando sin hacer.
Por ejemplo, que se diagnostique precozmente, que es algo que ya se puede hacer con los nuevos avances. "Cuando antes se diagnostica, antes se trata y se puede tener una mayor calidad de vida durante más tiempo. Yo, por ejemplo, estoy diagnosticada hace más de dos años y, para tener una mejor calidad de vida, voy a mi asociación tres días a la semana. Pero esto no suele ocurrir, aún se diagnostica en fases muy avanzadas, por eso tenemos la idea de que una persona con alzhéimer es una persona muy dependiente, que no reconoce, que necesita ayuda para todo… pero esa imagen es errónea, esa es la fase final de la enfermedad. En el inicio ya tienes daño en el cerebro, ya ha empezado la neurodegeneración, das positivo en los biomarcadores, pero apenas tienes síntomas y puedes estar varios años con un nivel alto de autonomía". Ya hay disponibles biomarcadores, podrían hacerse cribados, pero, como denuncia Soledad, casi nadie lo hace.
El alzhéimer es la enfermedad del olvido, pero sobre todo es la gran olvidada
Tampoco se hace prevención, cuando ya se conocen los factores de riesgo. "Hay 14 factores de riesgo modificables que, si se aplicaran, podrían prevenir el 45% de los casos de alzhéimer, y los gobiernos no se lo están tomando en serio. Como sigamos así, para 2050 pueden doblarse los casos en el mundo, y eso puede quebrar los sistemas de salud de los países desarrollados. Hay que empezar a hacer divulgación ya", insiste.
Para acabar, lo más urgente, que los pacientes en fases avanzadas y sus familias, cuenten con el apoyo que necesitan. El gasto familiar por año de estos pacientes es de unos 30.000 euros al año, pero como casi nadie los tiene, se encargan de los cuidados, como recuerda Soledad, las familias, sobre todo las mujeres. "Y no se destinan medios para atenderlas. Las ayudas que presta la atención a la dependencia, tanto económicas como de atención domiciliaria, son muy escasas, y hay mucha desigualdad entre unas comunidades y otras. Está todo cubierto de una manera muy deficitaria porque el alzhéimer es la enfermedad del olvido, pero sobre todo es la gran olvidada".
Análisis editorial
Tras tres décadas de estancamiento terapéutico contra el Alzheimer, la aprobación por parte de la EMA en 2025 y 2026 de Donanemab y Lecanemab marca un hito histórico que choca frontalmente con la realidad presupuestaria española. Estos fármacos representan la primera herramienta capaz de atacar directamente la patología, pero su inminente exclusión de las listas de financiación pública deja a los pacientes sin acceso efectivo. La tesis central es clara: existe una crisis de acceso donde el avance científico se ve neutralizado por la negativa del sistema sanitario público a asumir un coste privado estimado de unos 30.000 euros anuales por paciente, privando a quienes más lo necesitan de su única esperanza real.
La evidencia médica respalda que estos tratamientos son viables y necesarios si se aplican en fases iniciales con deterioro cognitivo leve y buena salud cardiovascular, condiciones bajo las cuales pueden retrasar la progresión de la enfermedad alrededor de un 30%. Sin embargo, esta indicación restringida implica que probablemente menos del 10% de los pacientes actuales resulten beneficiados, mientras que el 95% no sería útil para ellos. A pesar de que expertos y organizaciones como Ceafa argumentan que limitar el acceso solo a quienes pueden costearlo vulnera los principios de igualdad y discrimina a la población, las autoridades sanitarias mantienen su postura basada en la percepción de una eficacia insuficiente frente al precio elevado.
La consecuencia inmediata de esta decisión es que cada día de espera por falta de cobertura pública acelera la pérdida de autonomía y el deterioro irreversible en los afectados, quienes ya presentan daño cerebral y neurodegeneración antes de mostrar síntomas graves. La contradicción entre la seguridad validada por la EMA para perfiles específicos y la negativa a financiarlo genera una tensión ética donde se prioriza el ahorro sobre la preservación de capacidades vitales durante años críticos. Esta situación deja a los pacientes en un limbo donde, aunque existen opciones terapéuticas aprobadas internacionalmente, carecen de viabilidad económica dentro del sistema público español.
En conclusión, el artículo expone una falla sistémica donde se infravalora un hito científico que podría abrir nuevas vías para futuros fármacos más eficaces y seguros. La negativa a financiar estos medicamentos no solo deja sin opciones a miles de personas en España, sino que frena la investigación futura al no aprovecharse la vía terapéutica ya descubierta. Es imperativo priorizar la inclusión inmediata de Donanemab y Lecanemab para evitar la pérdida irreversible de autonomía, estableciendo criterios claros de selección que optimicen el uso de recursos sin sacrificar la equidad en el acceso a la salud.
Contexto y análisis adicional
Digest
Resumen ejecutivo
- Tras tres décadas sin avances terapéuticos reales contra la patología del Alzheimer, la aprobación de Donanemab y Lecanemab por la EMA en 2025-2026 marca un hito histórico.
- Esta innovación científica choca con una realidad presupuestaria que deja a los pacientes españoles sin acceso debido a la falta de financiación pública.
Evidencias
- Los nuevos fármacos pueden retrasar la progresión de la enfermedad alrededor de un 30% si se aplican en fases iniciales.
- El costo privado estimado asciende a unos 30.000 euros anuales por paciente, lo que limita el acceso a quienes puedan costearlo.
- La indicación clínica está restringida a pacientes con deterioro cognitivo leve y buena salud cardiovascular debido al riesgo de hemorragias cerebrales.
- Cada día de espera por falta de cobertura pública acelera la pérdida de autonomía y el deterioro irreversible en los afectados.
Acciones
- Priorizar la inclusión inmediata de Donanemab y Lecanemab en las listas de medicamentos financiados por el sistema público para evitar la pérdida irreversible de autonomía.
- Establecer criterios claros de selección basados en salud cardiovascular y fase inicial de la enfermedad para optimizar el uso de recursos ante el perfil de riesgo elevado.
Conclusión final
El artículo expone una crisis de acceso donde el avance científico choca con la realidad presupuestaria, dejando a pacientes españoles sin opciones terapéuticas efectivas debido a la negativa de financiación pública.
Riesgos
Riesgos/alertas
Acciones recomendadas
Señales/evidencias
- En el inicio ya tienes daño en el cerebro, ya ha empezado la neurodegeneración, das positivo en los biomarcadores, pero apenas tienes síntomas y puedes estar varios años con un nivel alto de autonomía".
- Sin embargo, a pesar de haber dado el visto bueno desde la EMA, los sistemas sanitarios públicos, incluido el español, han decidido no financiar estos tratamientos, lo que los hace inaccesibles para la inmensa mayoría de la población, pues se trata de medicamentos caros, que cuestan unos 30.000 euros al año por paciente si se adquiere de manera privada.
Conclusión
No se identifican alertas deducibles con suficiente soporte en el texto disponible.
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