Lluvias arrastran cenizas de Burgohondo y contaminan redes hídricas de Madrid y Toledo
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Las últimas lluvias caídas en la provincia de Ávila han ayudado a acabar por fin con el incendio de Burgohondo, que más de dos meses después de que se originara consiguió extinguirse este sábado. Pero el volumen de precipitación ha sido tal que, como muchos se temían en la zona, ha teñido ríos y arroyos de negro al arrastrar la ceniza de un fuego que calcinó más de 37.800 hectáreas , el peor de los sufridos por Castilla y León desde que hay registros. Una especie de «chapapote», según lo denominan los alcaldes, que se desliza por gargantas y barrancos contaminando todo lo que encuentra a su paso.En tres municipios de la provincia Casavieja, Mijares y Piedralaves , que suman una población de más de 4.200 habitantes, la Diputación de Ávila comenzaba este lunes con el abastecimiento de agua ante la posibilidad de que acabe por no ser potable, una situación que sí se ha producido ya en Piedralaves, donde se ha declarado no apta para el consumo. El mayor temor ahora es que las cenizas acaben contaminando el embalse de El Burguillo, cuya presa se encarga de la regulación del río Alberche y fluye hacia otros dos embalses, como San Juan y Picadas (ya en la Comunidad de Madrid) hasta llegar a la red de abastecimiento. En el caso de Toledo, a través de este mismo río, el agua avanza hacia la presa de Cazalegas, para conectar con los sistemas de agua de, sobre todo, la comarca de Talavera de la Reina.De momento, el cauce del Alberche ha cambiado de color en los últimos días y sus aguas bajan negras a consecuencia de los arrastres. Lo mismo ha pasado con los arroyos próximos a Casavieja, otra de las localidades que más padecieron el fuego declarado el pasado 22 de julio, que obligó a evacuar a quince municipios, una urbanización y el confinamiento de cuatro pueblos más, con lo que más de 30.000 personas tuvieron que abandonar sus casas . Pero, además, las «intensas lluvias» de los últimos días provocaban incidencias, «desbordamientos» de cauces y anegaba caminos en varios puntos de la provincia. Entre ellos, precisamente, Casavieja, con unos 1.300 habitantes, donde preveían que con las lluvias llegarían los problemas en el agua por el arrastre de cenizas, «pero no todos estos destrozos que han venido», aseguraba su alcaldesa, Vanesa Muñoz. «Va a ser complicado», reconocía tras la tromba de agua que este domingo inundaba fincas del municipio. «Las que no se llevó el incendio se las ha llevado el agua», lamentaba la regidora, en un municipio en el que no hay suministro de líquido elemento desde el domingo. Dos familias tuvieron que ser rescatadas y un hombre resultó herido al quedar atrapado su vehículo, indicaba. La presa del Castaño, de donde llega agua hasta el pueblo, se ha llenado de «maderas, piedras, agua negra y suciedad» hasta el punto que la depuradora no ha podido con ello. Así que «se ha parado», detallaba. Por el momento, se estaba suministrando agua embotellada a los vecinos y también con un cisterna para los ganaderos, pero la alcaldesa ya ha pedido ayuda a las administraciones para que le aporten más agua potable, así como la que puedan beber los animales. Estaban, además, a la espera de poder dar solución y aportar algunos litros para poder fregar los útiles de cocina y para el aseo porque, por ahora, de los grifos «no sale nada de nada». Lo peor es que sigue habiendo previsión de lluvia y que el «terreno quemado no puede retener nada», por lo que la alcaldesa teme que la situación se alargue. «Nos habíamos preparado en parte para la lluvia, pero no para esto», insistía, ya que la riada se ha llevado también las captaciones de agua instaladas en otros puntos que habían puesto en marcha para suministrar al municipio. Los efectos de las fuertes precipitaciones se dejaban notar también en las gargantas de la zona de La Rinconada (El Barraco) , que bajaban desbordadas, lo que está provocando inundaciones y arrastres que obligaron a cortar, incluso, una carretera. Entre esos materiales están las cenizas, pero también piedras y madera de los restos del incendio de Burgohondo. Durante la tarde del domingo ya comenzaron las labores de limpieza y hasta la zona se desplazaron efectivos de Protección Civil del Tiemblo, que movilizó también a su policía local y a personas de su ayuntamiento para colaborar. Efectivos de Protección Civil de El Tiemblo trabajan en la zona del Burguillo ante las fuertes lluvias caídas en la zona. ABCSu alcalde, Arturo Varas, aseguraba que esta situación, de «arrastres y escorrentías», será una «constante» en los próximos años hasta que el terreno, arrasado por las llamas, recupere algo de normalidad. «Esto ha venido para quedarse», subrayaba, ya que estas son las primeras lluvias del otoño y llamaba a estar «preparados» para las precipitaciones que puedan llegar en los próximos meses. En el «día a día» La lluvia ha ayudado a dar por extinguido el incendio de Burgohondo, el que más ha tardado en apagarse en la comunidad, pero en las localidades temían a las fuertes precipitaciones por lo que pudieran traer consigo. «El fuego se ha apagado, pero las consecuencias vienen ahora», insistía Varas. « El incendio está en la memoria , pero también en el día a día. Ha machacado todo el monte y ahora nos viene la erosión del terreno y los problemas en el agua, que es un bien imprescindible y tendremos que mimarlo mucho», concluía. Con ese temor a que las cenizas lleguen a colonizar gran parte del agua viven los vecinos de la zona. También en la urbanización La Atalaya, que en el mes de julio tuvo que ser desalojada por el incendio y que, por el momento, se abastece con depósitos y no tiene problemas de abastecimiento. «Preveíamos que con la lluvia llegarían los problemas por el arrastre de las cenizas, pero no tantos destrozos» Vanesa Muñoz Alcaldesa de CasaviejaPero con un «70 por ciento de la localidad» del Tiemblo arrasada por el fuego, creen que es cuestión de tiempo que las cenizas y otros materiales lleguen tanto al Burguillo como a otros ríos, embalses y arroyos de la zona. «Los vecinos hemos hecho fajinas y albarradas y, en algunos casos, han funcionado, pero la superficie quemada es tal, con unas dimensiones brutales, que es imposible abarcarla toda. Aquí la administración tendría que haber actuado antes», decía uno de los vecinos. «Estamos más que preocupados porque esto es dramático», consideraba, ya que «vienen tiempos muy complicados, sobre todo con el agua que, poco a poco irá bajando» y arrastrando cenizas, prevén en esta zona abulense. Por el momento, el agua de este municipio no se está viendo afectada. «Sí están apareciendo ya lenguas negras en el embalse de El Burguillo», comentaba, ante la previsión de que «poco a poco se va a ir notando todavía más». La captación del líquido elemento para esta localidad abulense se hace «más abajo», en el denominado embalse del Charco del Cura, que aún no se ha visto afectado. Pero no descartaba que en algún momento pueda estarlo y ya se está «preparando» otra toma en el arroyo de La Yedra que, según los cálculos del regidor, «podría ayudar a resolver el problema». Los desbordamientos y desplazamientos de tierra hacían que la Junta declarase a última hora del domingo la situación uno del Inuncyl (Plan de Protección Civil ante el riesgo de inundaciones en Castilla y León). Y es que a las lluvias, ya intensas de este sábado en algunos de los pueblos que este verano sufrieron el gran incendio de Burgohondo, se suman las caídas el domingo, con precipitaciones que fueron torrenciales -de hasta 30 litros en una hora- en algunos momentos y lugares provocando situaciones de «verdadero peligro debido a los grandes arrastres».
Análisis editorial (ver contenido repetido)
El incendio de Burgohondo, que calcinó más de 37.800 hectáreas y tardó dos meses en extinguirse tras las últimas lluvias en Ávila, ha dejado una herida invisible: el agua contaminada por ceniza que ahora amenaza la salud pública.
Lo que los alcaldes denominan un «chapapote» se desliza por gargantas y barrancos, teñiendo de negro ríos y arroyos.
En tres municipios —Casavieja, Mijares y Piedralaves—, donde residen más de 4.200 habitantes, la Diputación de Ávila ha tenido que activar el abastecimiento de agua ante la posibilidad de que esta no fuera potable.
La situación ya se ha materializado en Piedralaves, donde el consumo de agua está declarado no apto para el uso humano.
La respuesta inmediata ha sido desplegada: Protección Civil del Tiemblo movilizó efectivos, su policía local y personas del ayuntamiento para iniciar labores de limpieza.
Contexto y análisis adicional
Digest
Resumen ejecutivo
- Tras extinguirse el incendio de Burgohondo, las lluvias torrenciales han arrastrado ceniza a los ríos, contaminando el agua en zonas como Piedralaves y obligando al suministro embotellado.
- La Diputación de Ávila asume la gestión del abastecimiento mientras Protección Civil inicia labores de limpieza ante el riesgo de inundaciones por suelos incapaces de absorber precipitaciones.
Evidencias
- En Piedralaves se ha declarado oficialmente que el agua no es apta para el consumo debido al arrastre de ceniza negra.
- Más de 37.800 hectáreas calcinadas han perdido su capacidad de retención, provocando grandes arrastres con lluvias de hasta 30 litros por hora.
- La Diputación de Ávila ha asumido el abastecimiento en tres municipios afectados que suman más de 4.200 habitantes.
- Seis localidades (una urbanización y cuatro pueblos) han sido evacuadas o confinadas tras el incendio, dejando a más de 30.000 personas sin hogar.
Acciones
- Monitorear diariamente los niveles de ceniza en el embalse de El Burguillo para prevenir la propagación de contaminantes hacia Madrid y Toledo.
- Priorizar la limpieza de gargantas y barrancos antes de que caigan nuevas precipitaciones intensas para reducir el riesgo de arrastres.
- Mantener el suministro de agua embotellada en las seis localidades afectadas hasta confirmar la potabilidad del agua de los ríos.
Conclusión final
La contaminación hídrica por ceniza y la inestabilidad del suelo calcinado convierten las lluvias necesarias para extinguir el fuego en un nuevo riesgo secundario de inundaciones y crisis sanitaria.
Riesgos
Riesgos/alertas
- Riesgo inmediato para la salud pública debido al consumo de agua contaminada con ceniza, declarada no apta en Piedralaves.
- Alto riesgo de nuevos grandes arrastres y desbordamientos fluviales por la combinación de precipitaciones torrenciales (hasta 30 litros/hora) sobre un terreno quemado incapaz de retener agua.
Acciones recomendadas
- Continuar la movilización de Protección Civil y otras fuerzas para realizar labores de limpieza en ríos y arroyos teñidos de ceniza.
Señales/evidencias
- Agua declarada no apta para el consumo en Piedralaves por contaminación con ceniza.
- Precipitaciones torrenciales previstas de hasta 30 litros en una hora sobre terreno quemado que no puede retener nada.
- Ríos y arroyos teñidos de negro por la ceniza arrastrada del incendio.
- Más de 30.000 personas afectadas (cuatro pueblos, una urbanización) enfrentando la situación dos meses después del evento.
- Previsión de que la situación se alargue.
Conclusión
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