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alberto
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Más de 60 familias permanecen en contenedores tras la erupción volcánica por el encarecimiento

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En lo alto del municipio de Los Llanos de Aridane, en la isla de La Palma, se extienden cuatro hileras de contenedores blancos. Del interior sale el sonido de la televisión o música; en el exterior, ropa tendida e incluso hay quien los ha decorado a su gusto con plantas. En uno de ellos se lee un cartel: "Todoque".

Este barrio rural de Los Llanos, ubicado en la montaña Cumbre Vieja, desapareció bajo la lava del volcán del Tajogaite, que entró en erupción hace cinco años. Sus habitantes están ahora dispersos por la isla canaria, pero más de 60 familias viven aún en estas casas prefabricadas ante la escalada de precios de la vivienda y el colapso del sector de la construcción.

Un gato gris camina entre los contenedores y entra en el 22. Aquí vive Argensola Pérez desde hace casi tres años junto a su hija, que ocupa el de al lado. A sus 97 años, este contenedor ha sido donde ha encontrado algo de estabilidad desde que el volcán arrasó su pueblo y se llevó los recuerdos de toda una vida.

"Mis hijas vivían cerca de allí, estábamos todos cerca. Y ya mis hijas después del confinamiento ya yo me me atrofie mucho y ya ellas se fueron haciendo cargo de mí. Y con el volcán... pues, fue muy triste, muy triste. Dejar tu casa, dejar todo por detrás. Yo lo más que sentía era mis recuerdos y mirar para los sitios y no ver nada", recuerda la anciana sentada en una butaca en el interior del contenedor, que junto a sus hijas ha ido convirtiendo en algo lo más parecido posible a un acogedor apartamento.

Entre febrero de 2022 y diciembre de ese mismo año el Gobierno autonómico canario -dentro de una respuesta habitacional que también contó con financiación estatal- instaló en Los Llanos un total de 85 viviendas-contenedor. Cada vivienda estaba formada por dos contenedores unidos, con entre 50 y 60 metros cuadrados, y entre dos y tres dormitorios, además de cocina y baños equipados, aunque sin elementos básicos como alicatados en los baños ni frigoríficos, que tuvieron que financiar en muchos casos los propios usuarios.

La normativa canaria estableció para estas viviendas contratos de arrendamiento excepcionales de tres años inicialmente, prorrogables mientras durase la reconstrucción, con bonificaciones muy importantes de la renta. Durante el primer año se bonificaba la totalidad de la renta y durante los dos siguientes el 90%.

La planificación inicial establecía que las viviendas provisionales tendrían un plazo inicial de tres años, prorrogable, hasta que los afectados pudieran acceder a una vivienda definitiva. Con este fin, el Gobierno canario -una vez más, con financiación parcial del Estado central- anunció el pago de ayudas en función del valor de la vivienda que los afectados hubieran perdido a causa del volcán. Muchos de ellos, sin embargo, como la propia Argensola, han visto cómo el dinero recibido ya no les sirve para acceder al tensionado mercado de la vivienda de la isla y se han mantenido en los contenedores hasta hoy.

"La vida es así y así tenemos que llevarla y seguir para adelante y hasta ver. Porque yo, por lo que me dieron, no compro ni ese gato", declara resignada Argensola, señalando al minino que se frota contra sus piernas.

—Con lo que le dieron, ¿no podría construirse una una casa?

—"Qué va, no. Y yo sola, ¿para dónde voy?".

Viviendas públicas para los afectados

El Tajogaite estuvo 85 días expulsando lava y dejó una enorme colada que cambió la orografía de la isla y destruyó un total de 1.345 viviendas en los municipios de Los Llanos, El Paso y Tazacorte. Año y medio después de la erupción, en las elecciones municipales de mayo de 2023, el pleno municipal de Los Llanos, la más afectada de las tres localidades por donde pasó la lava, dio un vuelco. Un trabajador bancario recién aterrizado en política de la mano de Coalición Canaria arrasó con un equipo de concejales tan novatos como él y arrebató el poder consistorial al Partido Popular por primera vez en 12 años.

"Que se eligiese ese tipo de casas, fue un error. Con esto no estoy acusando a nadie. Se eligió a lo mejor la mejor opción que se que se entendía que era, pero yo creo que llegó tarde", explica Javier Llamas, el nuevo alcalde del municipio palmero, desde el despacho ubicado en un edificio colonial en la plaza central de la localidad. "Las casas contenedor creo que hubieran sido una buena solución si hubiesen llegado, a continuación del volcán como una urgencia, pero llegaron un año y pico más tarde. Y, luego, los contenedores, yo creo que se contrataron con una buena intención, pero no llegaron con la calidad que que tienes que tener".

En septiembre de 2024 el Ayuntamiento explicó que había un acuerdo con el Instituto Canario de la Vivienda para ejecutar trabajos de mantenimiento y mejora de los contenedores mientras siguieran ocupados. El alcalde reconoció que el objetivo era que, aunque fueran provisionales, los residentes pudieran permanecer en ellas de una manera digna. Además, el consistorio cedió tres parcelas de titularidad municipal al ICAVI para que se pudieran desarrollar promociones de vivienda pública.

"Lo que yo he intentado en todo momento es que tuvieran la vida más digna posible el tiempo que fueran a estar allí. Pero trabajando siempre en buscar una salida con la intención de que se quitasen los contenedores cuanto antes", explica Llamas. "Y también, desde luego, tener vivienda pública que ofrecer. A la entrada de Los Llanos, hay un edificio, muy próximo a terminarse, de 53 viviendas, y la intención es que los que quedan en los contenedores puedan salir hacia estas viviendas. Nos gustaría que a finales de este año o en el primer trimestre del próximo, esté todo el mundo fuera de allí".

Las consecuencias psicológicas

Desde mucho antes del día de la erupción, José Manuel Rodríguez Cabrera, un antiguo vecino de Todoque de 70 años al que todos en el pueblo conocen por su segundo apellido, supo que la tierra estaba mandando señales. "El calor de la tierra subía. Tenías que regar constantemente. Las temperaturas habían subido. En una piscina que nosotros teníamos, la temperatura era mucho mayor. Los ruidos eran importantes. Los animales estaban medio desaparecidos, hasta los perros estaban en las esquinas de las casas. Un caballo que tenía una vecina mía tenía un hueco y siempre mirando hacia dónde reventó el volcán", declara el jubilado, que ha sido estos años una de las personas más implicada en la asociación de afectados por el volcán.

La noche previa de la erupción, recuerda que las estanterías se movían, los crujidos aumentaron y las puertas no cerraban. A la mañana siguiente recogió a su mujer, convaleciente entonces de una operación, y se marcharon a casa de uno de sus hijos en el barrio de Triana, en la parte baja del valle. Al llegar a la vivienda de su hijo, Cabrera se subió a la azotea y allí se quedó, mirando hacia Todoque, que seguía intacto en lo alto de la montaña. Siguió allí mientras sus hijos preparaban una barbacoa en el patio y le pedían que bajara y allí estuvo hasta que empezó todo.

"A las tres y cuarto les dije a ellos: 'Va a reventar'. Venían como si dijéramos dos o tres aviones supersónicos, pero debajo de la tierra, un ruido que te metía un temor interior. Y entonces lo vi reventar", rememora Cabrera. "Yo creo que fui de las pocas personas que lo vi reventar. Fueron 14, 15 o 16 fumarolas blancas, como cuando hay un escenario, cuando sale un artista. Después, en el centro salió una entre blanca y gris y después salió el bombazo grande". El Tajogaite acababa de entrar en erupción.

En los siguientes días vio su vivienda desaparecer en directo, gracias a un dron de un conocido junto a todo lo que había sido su entorno vital durante toda una vida. Ahora muestra las fotos de su antigua casa, construida en piedra durante años y con un jardín y una piscina enfrente. El recuerdo de algo de una vida que quedó sepultada bajo metros de roca volcánica.

"Fue una cosa que todavía hay momentos que te despiertas y ves eso, te acuerdas de las cosas que tenías, porque no pudiste sacar nada, ni fotografías, ni nada, nada, nada. Pero nos tocó y tuvimos que aguantarnos y no hay no hay con quién discutir. Después de que reventó el volcán, empezamos a trabajar, porque hubo mucha gente que estaba psicológicamente rota, y nos movilizamos a ver a ver ayudarnos unos con otros. Y empezamos a trabajar con las plataformas", recuerda Cabrera. "Algunos quedaron dañados que no no se van a recuperar más. Desgraciadamente es así y duele porque los ves en la calle como zombis, caminando, sin levantar la cabeza, solo para el suelo, incluso hoy, cinco años después".

En los años siguientes a la erupción se coordinó con otras personas del pueblo, intentaron comprar un terreno en plena escalada de precios y construir una nueva vivienda, aunque fuera un espejismo del antiguo paraíso en el que vivían. La antigua comunidad, se fue resquebrajando de manera inevitable.

"Yo sigo con las amistades, pero ya no las tienes tan cercanas. Siempre rompe todo ese arraigo de familia, de amigos, de todo eso. Y ahora, pues te cuesta más trabajo porque está todo el mundo disperso. Hemos envejecido psicológica y mentalmente", se lamenta Cabrera. "Nosotros no hemos perdido solo una casa. Nosotros hemos perdido todo, formas de ser, tradiciones, empatía con la gente, todo. No sé explicarlo, porque yo he vivido aquí y sé lo que era Todoque".

Volver a Todoque

Desde enero del 2022, se han aprobado tres decretos-ley que han ido hallando el camino legal para la reconstrucción de las viviendas perdidas por el volcán. Concretamente el de diciembre del 2023 dio luz verde a empezar a construir de nuevo sobre la colada en las zonas en las que el acceso fuera posible y el texto reconocía que el desplazamiento no fue solamente físico: se perdió también el entorno social, familiar y comunitario.

Todo este desarrollo legal se ha realizado, en parte, gracias a la presión de las asociaciones como la de Cabrera y también de Fátima Ramos, otra antigua vecina de Todoque de 57 años. Aunque en su caso pudo recoger algunas pertenencias algún día después de la evacuación, como fotografías, Fátima reconoce que el valor de lo perdido es incalculable, incluyendo recuerdos y objetos personales que representaban una vida entera.

"No era consciente de que me estaba despidiendo de mi casa, fui consciente después, según iban pasando los días. Cuando yo iba a sacar las cosas incluso tengo un vídeo en el que cerré la casa y digo: 'Bueno, pues hasta que vuelva'. Y volveré, pero volveré con la casa bajo 30 metros de roca", declara Fátima.

Desde hace cinco años ella vive en la casa de sus suegros junto a su marido. El dinero de las ayudas ha llegado a casi todo el mundo, admite, pero muchos son los que se han quedado sin fondos para construir sus nuevas casas por la inflación y los que han podido se han tenido que endeudar. Los más mayores, ni siquiera han tenido esa opción.

"Prácticamente el 95% de las primeras viviendas se han pagado, pero había viviendas de diferentes construcciones. Tal vez la mía era de 200.000, pero luego había otras que eran de 90.0000. Con lo cual, no llegas a poder adquirir algo en el mercado", explica Fátima. "Todo se encareció. Empezó la especulación, tanto de los terrenos como de los propios pisos. Aquellos que lo hicieron en los dos primeros meses del volcán, bien. Pero una vez pasaron los tres meses y el volcán se acabó, todo subió como las nubes".

Independientemente de las ayudas, los vecinos de Todoque siguen siendo propietarios del terreno que la lava ha creado sobre sus antiguas propiedades. La apertura de nuevas vías de comunicación por encima de la colada ha animado a algunos a regresar y a intentar refundar el pueblo. El pasado 1 de noviembre alcalde de Los Llanos presidió un acto institucional y religioso de homenaje y reivindicación de la reconstrucción del barrio en la nueva superficie de roca que se sitúa sobre la antigua plaza de Todoque. Se descubrió un monolito con una placa que dice "con la esperanza de que se reconstruya" y se llevó una imagen de la Virgen de Las Nieves, patrona de La Palma.

"Hay gente que ha vuelto, pero es la gente que está al borde de coladas, donde tenía tres o cuatro metros de alto. Yo tengo 30 metros, estoy en la zona misma centro de la lava. Pero es verdad, la gente que está en los laterales del volcán, ha construido", declara Fátima, que recuerda con nostalgia su antigua vida. "Rompes lazos con mucha gente, que veías, con la que te sentabas, que charlabas con ella. Por así decirlo, nuestro acervo cultural, la historia del lugar… Yo pienso que en algún momento se volverá a recuperar. Ya se está recuperando. Pero el 100% tal vez es complicado. Pero bueno, nunca hay que desfallecer".

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Imagen 1 de Más de 60 familias permanecen en contenedores tras la erupción volcánica por el encarecimiento
Imagen 1 de Más de 60 familias permanecen en contenedores tras la erupción volcánica por el encarecimiento

Análisis editorial

En lo alto de la montaña Cumbre Vieja, cuatro hileras de contenedores blancos sostienen a más de 60 familias que, cinco años después de la erupción del volcán Tajogaite, siguen desplazadas en Los Llanos de Aridane. Lo que comenzó como una respuesta de emergencia se ha transformado en un problema estructural donde el colapso del sector de la construcción y la escalada de precios han bloqueado cualquier retorno a viviendas definitivas, convirtiendo lo provisional en permanente para quienes perdieron sus hogares bajo la lava.

La evidencia muestra que entre febrero y diciembre de 2022 se instalaron 85 viviendas-contenedor, espacios de entre 50 y 60 metros cuadrados diseñados como solución temporal pero carecientes de elementos básicos como alicatados en baños o frigoríficos, gastos que muchos residentes tuvieron que asumir por su cuenta. Aunque la normativa estableció bonificaciones del 100% el primer año y del 90% en los dos siguientes, las indemnizaciones recibidas resultan insuficientes frente al costo de vida actual; una residente de 97 años declaró no poder permitirse comprar ni un gato con los fondos asignados, ilustrando la brecha entre la compensación ofrecida y las necesidades reales de reconstrucción de sus vidas.

Esta situación ha derivado en una crisis habitacional donde la incapacidad del mercado local para absorber el retorno de las familias mantiene a decenas de personas en desplazamiento forzoso casi tres años después de que se desplegaron los primeros contenedores. Las viviendas provisionales, inicialmente planificadas por un plazo de tres años prorrogables, han perdido su carácter transitorio al no existir oferta pública suficiente ni capacidad económica para acceder a propiedades nuevas, dejando a los afectados en una limbo administrativo y social donde la dignidad depende de acuerdos municipales de mantenimiento que no resuelven el déficit estructural.

El remate de esta tragedia reside en que lo que fue un desastre natural se ha convertido en una herida abierta de la gestión post-crisis, donde la combinación de fondos desfasados y un mercado inmobiliario tensionado perpetúa el sufrimiento de quienes ya sufrieron la pérdida total de sus bienes. Mientras el volcán dejó 1.345 viviendas destruidas en los municipios afectados, la respuesta institucional ha fallado al no anticipar que una indemnización única no puede cubrir décadas de vida ni un mercado que se encarece mientras las familias esperan, condenándolas a vivir en contenedores sin poder siquiera comprar una mascota con lo que les correspondió.

Contexto y análisis adicional

Digest

Resumen ejecutivo
  • Cinco años después de la erupción del volcán Tajogaite en La Palma, más de 60 familias permanecen desplazadas en contenedores prefabricados debido a la imposibilidad de reconstruir sus hogares originales.
  • La combinación de un colapso en el sector de la construcción y una escalada de precios de la vivienda ha bloqueado el acceso a propiedades definitivas, perpetuando la situación temporal.
Evidencias
  • Más de 60 familias residen actualmente en contenedores blancos instalados en Los Llanos de Aridane tras la destrucción del barrio por lava hace cinco años.
  • Entre febrero y diciembre de 2022, el Gobierno autonómico canario desplegó un total de 85 viviendas-contenedor para atender a los afectados.
  • Las indemnizaciones recibidas resultan insuficientes para cubrir necesidades básicas actuales, como la compra de un animal doméstico o elementos que faltaban en las viviendas provisionales.
Acciones
  • Reevaluar los montos de indemnización para asegurar que cubran necesidades básicas actuales como mascotas o electrodomésticos esenciales.
Conclusión final

La permanencia prolongada en alojamiento temporal se debe a una convergencia entre daños físicos irreparables, barreras económicas en el mercado inmobiliario y fondos de compensación desfasados frente al costo de vida actual.

Riesgos

Riesgos/alertas
  • Más de 60 familias desplazadas por la erupción del volcán Tajogaite permanecen en contenedores prefabricados durante casi tres años debido a la escalada de precios de la vivienda y el colapso del sector de la construcción.
  • Las indemnizaciones recibidas son insuficientes para cubrir gastos básicos, evidenciado por testimonios de residentes que no pueden permitirse compras menores como un gato con los fondos asignados.
  • La situación de desplazamiento forzoso se ha convertido en permanente debido a la incapacidad del mercado inmobiliario local para absorber el retorno de las familias afectadas.
Acciones recomendadas
  • Reevaluar y aumentar las indemnizaciones o dotar de fondos adicionales específicos para cubrir el costo de vida actual, dado que los montos iniciales resultan insuficientes.
  • Implementar medidas urgentes para reactivar el sector de la construcción local y fomentar la oferta de vivienda asequible en Los Llanos de Aridane.
  • Revisar y prorrogar las bonificaciones de renta o adaptar los contratos de arrendamiento excepcional para garantizar la estabilidad habitacional mientras se soluciona la crisis estructural.
Señales/evidencias
  • Existen cuatro hileras de contenedores blancos en Los Llanos de Aridane donde viven más de 60 familias desde hace casi tres años.
  • Entre febrero y diciembre de 2022 se instalaron 85 viviendas-contenedor (dos unidas, entre 50 y 60 metros cuadrados) con bonificaciones de renta del 100% el primer año y 90% en los siguientes dos.
  • Los contenedores carecen de elementos básicos como alicatados en baños o frigoríficos, gastos que muchos usuarios tuvieron que financiar por su cuenta.
  • Un residente afirma no poder permitirse comprar un gato con las indemnizaciones recibidas.
Conclusión

La crisis habitacional ha transformado una emergencia temporal provocada por el volcán en un problema estructural de larga duración, donde la insuficiencia de fondos y el colapso del sector inmobiliario mantienen a decenas de familias en desplazamiento forzoso dentro de contenedores provisionales.

Autor · clanes

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