Razón y tecnología impulsan la paz perpetua global
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¿Quién es Elon Musk? Un admirador suyo diría que es un nuevo explorador del universo y de las fuerzas que lo mueven. En ese sentido, con su empresa de automóviles eléctricos, Tesla, se sustituye a los hidrocarburos, sin emisiones de dióxido de carbono. En cuanto al cosmos, visto desde una de las naves de SpaceX, la Tierra no puede ser divisada bajo la hipótesis Gaia –para decirlo en palabras de su precursor, James Lovelock–, que postula que la Tierra funciona como un superorganismo vivo y autorregulado. Con 193 estados miembros en las Naciones Unidas no tiene sentido esperar a que eso ocurra .Así las cosas, la amenaza de guerra nos sobrevuela en diversos puntos del planeta a causa de las aspiraciones de un hegemón enloquecido (Donald Trump manda en Estados Unidos), que quiere seguir ocupando el Despacho Oval 'sine die'. Y enfrente, una China desde la cual Xi Jinping predica la paz multilateral, en la idea de ser la primera nación del mundo en 2049, coincidiendo con el centenario de la fundación de la República Popular de la mano de Mao , de cuyo fallecimiento se cumple este mes de agosto medio siglo. Nos encontramos, pues, en un momento crucial, y así las cosas, lo que está cada vez más claro es que ya no basta con ampliar el número de países en el Consejo de Seguridad. Además de suprimir el derecho de veto de los cinco grandes en el Consejo de Seguridad, hay que dar entrada en el gobierno mundial directamente, ya se verá cómo, a la ciencia y la tecnología, con la inteligencia artificial a cuestas, claro. Se trata de proyectar la idea de la paz perpetua, teniéndose en cuenta todo lo que cabe realizarse desde un nuevo poder, que podría situarse en un Consejo Universal de la Tecnología (CUT), entidad sobre la que tenemos por delante mucho que reflexionar.Desde hace años he sentido de manera persistente una especie de llamada, de no sé dónde, a propósito de estas cosas. ¿En qué consiste esa inquietud que se abre en la conciencia? ¿Le importa mucho al señor Musk que haya otros muchos pensando en la misma línea de que política y ciencia y tecnología tienen que encajar en una nueva visión holística del progreso humano?Personalmente, mi preocupación por una sociedad internacional claramente situada en torno a la idea kantiana de la paz perpetua, se me manifestó por primera vez en mi libro 'Un nuevo orden mundial' (Espasa, Madrid, 1993). En ese texto (hay una edición traducida al inglés), traté de reflejar, a la altura de 1992, mis inquietudes para mejorar algo la situación mundial. Ulteriormente, traté de explicar mis ideas al respecto en mi discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que se produjo el 29 de enero de 2013, en sesión para mí memorable que presidió la Reina Sofía, regia persona preocupada por la paz internacional como en pocas consortes de monarcas se ha visto.En ese discurso, ofrecí la visión de lo que de manera genial intuyó Immanuel Kant en 1795, con su célebre ensayo. Fue la oferta que hizo el gran filósofo de la Ilustración, sobre cómo formar un gobierno universal basado en una sola soberanía cosmopolita. Algo que efectivamente se planteó después de la I Guera Mundial, cuando se intentó cambiar muchas cosas con la configuración de la Sociedad de las Naciones, inspirada por el presidente Woodrow Wilson en Estados Unidos en 1918. Y, después del fracaso de esa organización (la llamada Gran Depresión, surgimiento del fascismo del Europa, Segunda Guerra Mundial…), se intentó crear una entidad universal más sólida. Que también correspondió a Estados Unidos, en la figura del presidente Franklin Delano Roosevelt en 1945, con la Organización de las Naciones Unidas, nacida en la Carta de San Francisco (California).Pero del nacimiento de la ONU, no surgió la paz perpetua, sino la Guerra Fría entre EE.UU. y la URSS, muy larga. El caso es que cuando pareció que iba a acabarse la tensión mundial por la caída del Muro de Berlín en 1989 y el ulterior desmantelamiento de la Unión Soviética en 1991. Ante lo cual, el politólogo Francis Fukuyama (1992), de la Universidad de Harvard, pensó que estábamos antes el fin de la historia. En otras palabras, Fukuyama tuvo una visión racional, pero que a la postre no fue acertada. El catedrático norteamericano de origen japonés pensó que había desaparecido la razón principal del enfrentamiento ideológico Estados Unidos y la Unión Soviética, y que todo cambiaría a mejor. Ya no existía un plan soviético de implantación del comunismo en todo el planeta, ni podía imponerse fácilmente la idea estadounidense del mundo libre. Las antiguas ideologías enfrentadas dejaran paso a una nueva situación de lucha por la hegemonía.Así las cosas, al final de la Guerra Fría se dio paso a una nueva situación de frialdad de relaciones de las superpotencias y de la carrera China-Estados Unidos: que va desde el Producto Interior Bruto hasta el poderío militar y, sobre todo, a medio y largo plazo, con la idea de que la ciencia y los desarrollos tecnológicos son los que realmente servirán para alcanzar la hegemonía, para luego hacer uso de ella de una u otra forma, distinta de la marcan desde Washington o Pekín. Después del mencionado discurso académico, y con otros trabajos intermedios, en 2025 presenté en el pleno de la citada Real Academia mi ponencia anual, sobre el tema 'Paz y guerra', sintetizando todo lo anterior. En ese sentido, creo que mis colegas académicos apreciaron la nueva versión de mis inquietudes. Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española, me propuso la publicación de mi ponencia en la revista 'El Cronista' (nº 124, mayo de 2026), que él dirige desde su fundación en 2008. A partir de todas esas meditaciones, ¿adónde puede proponerse ir? Es lo que tenemos que ir pensando.Ramón Tamames es economista
Análisis editorial
El artículo "Hacia un nuevo mundo" plantea que la convergencia entre una visión tecnológica disruptiva liderada por Elon Musk y un escenario geopolítico inestable bajo Donald Trump exige repensar el orden mundial más allá de las estructuras actuales. Mientras Tesla sustituye a los hidrocarburos sin generar emisiones de dióxido de carbono, la perspectiva desde las naves de SpaceX revela que la Tierra no es observable como un superorganismo autorregulado bajo la hipótesis Gaia.
La insuficiencia del sistema actual se evidencia con 193 estados miembros en las Naciones Unidas, donde esperar a la cooperación internacional resulta inviable ante amenazas de guerra impulsadas por aspiraciones hegemónicas. El texto argumenta que ya no basta con ampliar el número de países en el Consejo de Seguridad; es imperativo suprimir el derecho de veto de los cinco grandes para permitir una gobernanza global más ágil y responder a la inestabilidad geopolítica derivada del nacionalismo estadounidense.
Los riesgos alertados incluyen un aumento del riesgo de conflictos bélicos debido a las aspiraciones hegemónicas impulsadas por la administración Trump, así como la falta de consenso entre los 193 estados miembros para prevenir guerras emergentes. La imposibilidad de ampliar el Consejo de Seguridad sin suprimir derechos de veto existentes agrava la situación, proyectando un futuro marcado por una transición energética radical y un distanciamiento filosófico de la Tierra como entidad viva.
Para cerrar, se recomienda reevaluar y reformar la estructura del Consejo de Seguridad de la ONU, incluyendo la eliminación del derecho de veto de los cinco grandes. Además, es necesario promover la creación directa de un gobierno mundial que integre a la ciencia y la tecnología bajo un nuevo poder, estableciendo un Consejo Universal de la Tecnología (CUT) para proyectar una visión holística del progreso humano y asegurar la paz perpetua.
Contexto y análisis adicional
Digest
Resumen ejecutivo
- El artículo identifica a Elon Musk como un agente disruptivo que reemplaza los hidrocarburos con Tesla y cuestiona la viabilidad de la Tierra como superorganismo autorregulado desde el espacio.
- Se alerta sobre una inestabilidad geopolítica impulsada por las aspiraciones hegemónicas de Estados Unidos bajo Donald Trump, lo cual amenaza la paz global y revela la insuficiencia del sistema actual de Naciones Unidas.
Evidencias
- Tesla sustituye a los hidrocarburos sin generar emisiones de dióxido de carbono.
- Desde las naves de SpaceX, la Tierra no es observable bajo la hipótesis Gaia, que define al planeta como un superorganismo vivo y autorregulado.
- La amenaza de guerra se extiende por diversos puntos del planeta debido a las aspiraciones de Donald Trump en el Despacho Oval.
- El texto menciona explícitamente que con 193 estados miembros en la ONU, esperar a la cooperación internacional actual es insuficiente para resolver estos desafíos.
Acciones
- Evaluar la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad eliminando los derechos de veto de los cinco grandes para permitir una gobernanza global más ágil.
- Investigar la creación de un Consejo Universal de la Tecnología (CUT) que integre ciencia, tecnología e inteligencia artificial en la gestión del progreso humano.
Conclusión final
La convergencia entre una visión tecnológica disruptiva liderada por Musk y un escenario geopolítico inestable bajo Trump exige repensar el orden mundial más allá de las estructuras actuales de la ONU.
Riesgos
Riesgos/alertas
- Aumento del riesgo de conflictos bélicos debido a aspiraciones hegemónicas impulsadas por la administración Trump.
- Falta de consenso global entre los 193 estados miembros de la ONU para prevenir guerras emergentes.
- Inestabilidad geopolítica derivada de la imposibilidad de ampliar el Consejo de Seguridad sin suprimir derechos de veto existentes.
Acciones recomendadas
- Reevaluar y reformar la estructura del Consejo de Seguridad de la ONU, incluyendo la eliminación del derecho de veto de los cinco grandes.
- Promover la creación directa de un gobierno mundial que integre a la ciencia y la tecnología bajo un nuevo poder.
- Establecer un Consejo Universal de la Tecnología (CUT) para proyectar una visión holística del progreso humano.
Señales/evidencias
- La administración Donald Trump en Estados Unidos impulsa aspiraciones hegemónicas que generan amenazas de guerra.
- No existe consenso entre los 193 estados miembros de las Naciones Unidas para evitar conflictos bélicos.
- Se requiere ampliar el número de países en el Consejo de Seguridad y suprimir el derecho de veto de los cinco grandes.
Conclusión
El texto proyecta un futuro marcado por la transición energética radical, el distanciamiento filosófico de la Tierra y una inminente amenaza de guerra derivada del nacionalismo hegemónico estadounidense, lo que exige reformas estructurales en la gobernanza global.
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