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Psicóloga Elena Alameda explica cómo el silencio activa el nervio vago y reduce el estrés

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Algunos estudios han demostrado que los periodos de silencio pueden ser incluso más relajantes que escuchar música. Nuestro día a día está lleno de ruido con música, el sonido de la televisión, la radio, conversaciones, obras, tráfico y sirenas, lo que reduce los momentos diarios en silencio y puede tener consecuencias negativas para la salud.

Según un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud y el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, una exposición constante a la contaminación acústica podría provocar un aumento de la presión arterial. Así, no es de extrañar que las investigaciones apunten a que el silencio sea bueno para sentirnos menos estresados, más concentrados y que, además, nos ayude a descansar mejor.

Algunos estudios han demostrado también que los periodos de silencio pueden ser incluso más relajantes que escuchar música. Esta investigación indica que trabajar en silencio reduce los niveles de cortisol en comparación con trabajar escuchando conversaciones o ruido.

El silencio puede ser una herramienta importante para nuestro bienestar y descanso, permitiendo desconectar del ajetreo diario y dando al cerebro sobreestimulado la oportunidad de recuperarse de toda la información que recibe.

Para Elena Alameda Jackson, psicóloga de Cuidado Psicológico, el silencio tiene muchos beneficios. Uno de los que más se ha hablado en los últimos años es que estar en silencio dos horas al día nos puede ayudar a crear nuevas neuronas en el hipocampo, el área del cerebro más relacionada con la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional.

Aunque generalmente solemos considerar el silencio como un vacío, también puede percibirse como un estímulo. De acuerdo con un estudio de la Universidad Johns Hopkins, el cerebro procesa el silencio del mismo modo que los sonidos, por lo que podemos llegar a escucharlo y descansar mejor porque tiene un importante efecto calmante en el cuerpo.

Así como el ruido puede desencadenar respuestas de estrés, los momentos de tranquilidad y silencio ayudan al sistema nervioso a restablecerse, disminuyendo la presión arterial y aliviando la tensión. El silencio ayuda a activar el nervio vago, conectándonos con la calma, la serenidad y la regulación.

Según un estudio publicado en JAMA Internal Medicine, dedicar un tiempo cada día a estar en silencio, en concreto a la meditación de atención plena, reduce el insomnio y la fatiga en adultos mayores. Ni el estrés suele desencadenar la respuesta de lucha o huida, que eleva los niveles de cortisol y aumenta la frecuencia cardiaca, el silencio puede activar el sistema de descanso y digestión del cuerpo.

Imagen 1 de Psicóloga Elena Alameda explica cómo el silencio activa el nervio vago y reduce el estrés
Imagen 1 de Psicóloga Elena Alameda explica cómo el silencio activa el nervio vago y reduce el estrés

Análisis editorial

La saturación constante de estímulos auditivos, desde el tráfico hasta las conversaciones interminables, impide que nuestro cuerpo recupere su equilibrio fisiológico y eleva la presión arterial. La psicóloga Elena Alameda advierte que este ruido crónico bloquea los mecanismos naturales de descanso, haciendo imperativo integrar periodos deliberados de quietud para activar el nervio vago y transitar hacia un estado de calma real.

La evidencia científica respalda que dos horas diarias de silencio pueden estimular la creación de nuevas neuronas en el hipocampo, mejorando la memoria y la regulación emocional, mientras que trabajar sin ruido reduce significativamente los niveles de cortisol comparado con entornos llenos de conversaciones. Estudios como los publicados en JAMA Internal Medicine demuestran que dedicar tiempo a la meditación o al silencio absoluto ayuda a desconectar del ajetreo diario, disminuye el insomnio y permite al sistema nervioso restablecerse, activando así el modo de descanso y digestión frente a la respuesta de lucha o huida.

Sin embargo, esta transición hacia la quietud no está exenta de riesgos; la falta de espacios silenciosos puede derivar en sobreestimulación cognitiva, fatiga mental y pensamientos intrusivos que dificultan alcanzar la serenidad. Además, existe el peligro de ansiedad o rechazo hacia el silencio absoluto debido al miedo a enfrentar los propios pensamientos internos sin amortiguación sonora, lo que subraya la necesidad de implementar pausas estructuradas de cinco minutos o sesiones de al menos 15 minutos para mitigar la sobreestimulación y permitir que el cerebro procese activamente la ausencia de ruido.

En definitiva, eliminar deliberadamente el exceso de ruido no es solo una estrategia para reducir el estrés, sino un requisito vital para restaurar funciones cognitivas clave y proteger la salud cardiovascular. Solo cuando aprendemos a replegarnos en nosotros mismos y escuchamos desde cada respiración, podemos conocernos mejor y transformar el silencio de un vacío temido en una herramienta poderosa que conecta con nuestra calma interior.

Contexto y análisis adicional

Digest

Resumen ejecutivo
  • La exposición crónica al ruido ambiental eleva la presión arterial y bloquea la recuperación fisiológica del cuerpo.
  • Implementar periodos diarios de silencio es una estrategia validada para activar el nervio vago, reducir el cortisol y fomentar la neuroplasticidad.
Evidencias
  • Un estudio conjunto de la OMS y la Comisión Europea vincula la contaminación acústica constante con un aumento directo en los niveles de presión arterial.
  • La psicóloga Elena Alameda indica que dos horas diarias de silencio pueden estimular la creación de nuevas neuronas en el hipocampo, mejorando la memoria y la regulación emocional.
  • Investigaciones demuestran que trabajar en silencio reduce significativamente los niveles de cortisol comparado con entornos ruidosos o llenos de conversaciones.
Acciones
  • Integrar dos horas totales de silencio diario o tres pausas de cinco minutos para contrarrestar la sobreestimulación auditiva.
  • Diseñar espacios de trabajo libres de conversaciones y ruido externo para aprovechar los efectos calmantes en el cortisol.
Conclusión final

La eliminación deliberada del ruido excesivo permite al sistema nervioso autónomo transitar hacia un estado de calma, mitigando riesgos cardiovasculares y restaurando funciones cognitivas clave.

Riesgos

Riesgos/alertas
  • Aumento de la presión arterial debido a la exposición constante a la contaminación acústica.
  • Deterioro de la recuperación física y mental por la incapacidad del cuerpo para descansar adecuadamente en un entorno ruidoso.
  • Sobreestimulación cognitiva que genera fatiga mental, pensamientos intrusivos y dificultad para alcanzar la calma.
  • Ansiedad o rechazo hacia el silencio absoluto debido al miedo a enfrentar los propios pensamientos internos sin amortiguación sonora.
Acciones recomendadas
  • Implementar pausas diarias estructuradas de cinco minutos o sesiones de al menos 15 minutos de silencio total para mitigar la sobreestimulación.
  • Integrar periodos deliberados de quietud en la rutina diaria para activar mecanismos fisiológicos de recuperación como el nervio vago y reducir los niveles de cortisol.
Señales/evidencias
  • La Organización Mundial de la Salud y la Comisión Europea identifican la exposición constante a la contaminación acústica como un factor que provoca aumento directo de la presión arterial.
  • El día a día está saturado de estímulos auditivos (música, tráfico, obras), dejando pocos momentos para el silencio necesario para la recuperación del estrés acumulado.
  • Estudios demuestran que trabajar en silencio reduce los niveles de cortisol en comparación con entornos ruidosos o con conversaciones.
  • El cerebro procesa el silencio activamente; su ausencia prolongada impide desconectar del ajetreo diario y recuperar la concentración.
Conclusión

La evidencia confirma que la exposición crónica al ruido y la falta de espacios silenciosos constituyen riesgos significativos para la salud cardiovascular y mental, haciendo imperativo integrar periodos deliberados de quietud en la rutina diaria para activar mecanismos fisiológicos de recuperación como el nervio vago.

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